PADRE HUGO SEGOVIA
Cada una de las cinco Conferencias episcopales latinoamericanas (Rio de Janeiro en 1955; Medellín en 1968; Puebla en 1979; Santo Domingo en 1992 y Aparecida en 2007) además de haberse realizado armónicamente en las diversas regiones que forman parte del territorio han sido imagen de un espíritu de colegialidad y comunión que los obispos han procurado desde los primeros tiempos de la llegada del Evangelio al continente.
Se habla ya de las Juntas eclesiásticas de la Nueva España y el Caribe y más delante de los Concilios limeños y mexicanos.
Eran los años del Concilio de Trento que tantas dificultades encontró para llevarse a la práctica debido a la situación originada por la Reforma. A la inversa, aquí y a pesar de la enormidad del territorio y de la mínima organización de los pocos obispados creados sucedía que el espíritu conciliar encontraba formas de hacerse realidad.
En Lima en 1582 y en México en 1585 se dan los primeros. ¡Cuánto se ha dicho y escrito sobre América Latina. En 1970 cuando Planeta publicó la novela “La cruz invertida” se decía que su rostro era “claro, enigmático, irónico, grotesco, voluble, cruel, tierno y casi siempre simbólico”, “allí conde la frustración amputa proyectos pero donde, entre la razón y el delirio, sopla el viento de la esperanza”.
Era también el momento en que Eduardo Galeano, casi como en el nacimiento de una etapa tan dolorosa publicaba también “Las venas abiertas de América Latina”.
MADUREZ Y RENOVACION
En 1995 al terminar el Congreso Eucarístico Internacional, justo veinte años después de aquel que tuvo lugar en Buenos Aires y que mostro de un país que nadie imaginaba en Rio de Janeiro se deban los primeros pasos que llevaron a la constitución del Consejo Episcopal Latinoamericano, el C.E.L.A.M. ya que Pío XII había convocado a los representantes de los episcopados del continente a través de una carta, “Ad eclesiam Christi”.
De allí surge aquella expresión: “América Latina, el continente de la esperanza”. Los obispos allí congregados vieron la importancia de esa colegialidad y comunión.
Podría pensarse en la coincidencia: en 1707 en San Salvador de Bahía se había llevado a cabo un Sínodo. Recién en 1899, después de todo el proceso emancipador de estos pueblos, pudo realizarse el Concilio Plenario de América Latina que legislo en la Roma del Papa León XIII y que fue el antecedente de lo que recién en el siglo siguiente y hasta la década de los 60 fue el Concilio Vaticano II.
Son todos pasos que van marcando el ritmo de los tiempos y que deben interpretarse como procesos de maduración y renovación.
Así han procurado serlo las cinco Conferencias a las que mencionábamos al comenzar. De las cinco cuatro se realizaron después de la gran experiencia del Concilio. Justamente desde la misma Roma en que se estaba debatiendo surgió la idea de lo que fue Medellín (1968) que tenía la finalidad de analizar a la Iglesia en la transformación de América Latina a la luz del Vaticano II.
Son todos pasos que van marcando el ritmo de los tiempos y que deben interpretarse como procesos de maduración y renovación.
Así han procurado serlo las cinco Conferencias a las que mencionábamos al comenzar. De las cinco cuatro se realizaron después de la gran experiencia del Concilio. Justamente desde la misma Roma en que se estaba debatiendo surgió la idea de que fue Medellín (1968) que tenía la finalidad de analizar a la Iglesia en la transformación de América Latina a la luz del Vaticano II.
Los obispos conscientes de ser los primeros responsables de la marcha del pueblo de Dios han tenido la preocupación de no defraudar a las ovejas y aceptar el desafío que ello comparta.
SABER ESTAR Y ESCUCHAR
Al reunirse el C.E.L.A.M. en Honduras en 2019 surgió la idea de preparar lo que podría haber sido la VI Conferencia de los obispos del continente. Motivo podía haber sido para 2012 la conmemoración de los quince años de Aparecido con todo lo que implica el hecho de un papa no solo oriundo de estas tierras sino también presidente de la Comisión de Redacción del documento final de la Conferencia. Vale la pena recordar que fue su decidida intervención la que, como ocurrió en el Concilio, marco la tónica de lo que después, pasados seis años, sería su elección como Pepe Francisco.
Pero también ahora ha sido el mismo quien surgió un nuevo espacio no ya una conferencia episcopal sino una convocatoria a todo el pueblo de Dios. Así entonces lo primero que el Papa ha pedido al C.E.L.A.M. es “caminar junto al pueblo de Dios”. No ya una conferencia episcopal sino una Asamblea Eclesial del continente de la que participaran todos los estamentos que la constituyen, “no solo, ha dicho el arzobispo de Trujillo, Perú, monseñor Miguel CabrejosVidarte, actual presidente, los que ostentan cargos y responsabilidades formales en la Iglesia sino también los agentes pastorales organizados, los especialistas en teología pastoral, en fin de todo fiel cristiano”.
El evento tendrá lugar en México en el mes de noviembre.
Dentro de lo que se puede llamar la eclesiología Bergogliana que es primariamente la de la Iglesia es preciso destacar la comprensión del momento histórico del hombre, no solo el latinoamericano, a la luz de la Palabra que es Cristo en quien se manifiesta el misterio del hombre. Es decir, junto con él, que “la Iglesia se da sin exclusión”.