Con nuestro Obispo Ernesto

por el Padre Hugo Segovia

El 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, recibimos la noticia de que monseñor Ernesto Giobando había sido elegido obispo de Mar del Plata.

Ahora, nos encontramos en las vísperas del día que monseñor Giobando eligió para tomar posesión de la diócesis el 22 de febrero, en la celebración de la Cátedra de San Pedro.

Como se ha dicho muchas veces es la diócesis la que toma posesión del obispo elegido ya que es ella la que, en unión matrimonial, se unen para formar un solo cuerpo.

Cada día, en la celebración eucarística, iremos orando como reafirmando esa relación indisoluble del obispo con la diócesis que se le encomienda: “confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra y a tu servidor el Papa Francisco y a tu servidor Ernesto”.

Una antigua fórmula nos enseñaba que lo que creíamos, la ley de lo que creemos, se traduce a lo que oramos, la ley de lo que hacemos y en esta expresión encerramos todo nuestro ser cristiano.

Así no se trata solo de una formulación rutinaria sino de una síntesis de nuestro ser hijos de Dios y miembros de su pueblo.

ENTRAR EN LO PROFUNDO

Monseñor Giobando ha sido, durante más de 7 años, Administrador Apostólico de Mar del Plata, tiempo que lo ha visto recorrer los casi 23.000 kilómetros que abarcan la diócesis de Mar del Plata en los cuales viven más de un millón de habitantes y donde 49 parroquias, 133 iglesias no parroquiales y capillas y donde 67 sacerdotes, 47 diocesanos y 20 religiosos, 13 diáconos permanentes, 72 religiosas, 23 religiosos y 69 centros educativos.

De todo este mundo, monseñor Giobando no solo ha tomado nota sino que también ha logrado tener un conocimiento teórico sino que le hemos visto entrar en la profundidad de sus realidades, sus proyectos, sus vacilaciones con paciencia y una gran capacidad de escuchar tal cual ahora, como obispo diocesano, continuará profundizando y asumiendo no solo las dificultades de los tiempos sino también las esperanzas que se derivan del lema episcopal que ha elegido y que lo acompaña, podríamos decir, más todavía, ahora como octavo obispo de una historia que empezó el 11 de febrero de 1957 cuando se publicó la bula de Pío XII, justamente el día de Nuestra Señora de Lourdes.

HEREDEROS DE PIRONIO

Los nueve partidos de la provincia de Buenos Aires que componen la diócesis de Mar del Plata experimentan el gozo de la paternidad episcopal que se inicia y que tiene sus propias características y, su particular, fisonomía en la cual el ser la ciudad episcopal es una de las más importantes no solo por su cantidad de habitantes sino, sobre todo, por ser el primer centro turístico del país.

Ello le otorga también una particular característica ya que la temporada estival la convierte a la ciudad episcopal lo que, podríamos llamar fisonomía de capital estival del país.

No cuesta mucho recurrir a una de sus obispos, el que la gobernó desde 1972 hasta 1975, ese a quien ahora invocamos como beato desde hace poco más de un año. El beato Eduardo Pironio, decía, el 19 de febrero de 1974, cuando la ciudad capital de la diócesis llegaba al centenario palabras que ahora nos iluminaron el camino que empezó el 17 de enero de 2024 pero el 22 de febrero adquiere todo su vigor: “que Mar del Plata sea profunda como el mar, fuerte y sin horizontes, profunda en la meditación, fuerte en la esperanza, abierta a todo el mundo”