Con León en sus comienzos (Padre Hugo Segovia)

Un mes ha pasado ya de aquel 8 de mayo en el que resonó la voz del cardenal proto diacono anunciando la gran noticia: ¡Tenemos Papa!

El mundo entero, creyentes y no creyentes, estaba pendiente de esta noticia.

Noticias de todo tipo, conjetura, apuestas se multiplicaban durante esos días y aún así la brevedad del Conclave invalidó todo ese mundo.

Todo es original en el mundo eclesial, y bien podemos ver la cantidad de novelas, películas ilustraciones que se van sucediendo sobre todo desde la muerte de un Papa y la elección de otro.

Habiendo vivido los conclaves de los que fueron Papa Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco.

Algunas consideraciones sobre esta elección sobre la marcha vienen en estos momentos y si bien son personales pueden mostrar el talante siempre cambiante pero también siempre a costa de veinte largos siglos.

En estos días del mes de mayo ha sido intensa la actividad del Papa León contando además con todos los momentos que el protocolo tiene establecido para el comienzo de un pontificado.

A LO LARGO DE LOS SIGLOS

Tanto el comienzo del siglo llegó cuando los papas respectivos entraban en sus últimos años de su misión.

Allí encontramos un signo que puede dar sentido a actitudes y situaciones.

Así lo hemos vivido cuando murió el Papa Juan Pablo II después de uno de los pontificados más largos de toda la historia como había ocurrido también al comenzar el siglo pasado cuando también de muchos años y a edad avanzada el Papa León XIII gobernó a la Iglesia. Un detalle entre tanto no hace recordar que había sido él quien atendió a una muy joven Teresa Martior quien se atrevió a romper el protocolo y pedirle cuando con su padre había peregrinado a Roma que la autorizara a entrar en el Carmelo debido a sus pocos años.

Comenzó también el siglo XXI con un Papa en sus últimos años quien dio testimonio de su fuera polaca afrontando los rigores de sus males.

Muchas anécdotas y transcendidos sobre estos temas sirven también para entender una historia tan rica, y tan compleja en la que se abrazan la gracia y el pecado.

No puedo evitar recordar lo que ocurrió a principios del siglo XIX en los tiempos de Napoleón, un conflicto después de la experiencia de la Revolución Francesa.

Cuentan que el Papa Pío VII, relacionado con nuestra historia patria, envió a su secretario de Estado a dialogar con el emperador y cuando el cardenal presentó las objeciones vaticanas al acuerdo que se quería conseguir, Napoleón dominado por la ira dijo voy q destruir a la Iglesia a lo cual el cardenal respondió: “imposible, Majestad, si no podemos nosotros, los cardenales, menos podía conseguirlo usted”.

Como también algo más reciente: al terminar la guerra 1939-45 los grandes triunfadores se reunieron y allí el ruso, Stalin, preguntó irónicamente, con cuantas divisiones contaba Pío XII, éste, enterado, contestó: “díganle a mi hijo José (Stalin) que las contará en el cielo”.

VER Y SEGUIR

Algunas reflexiones sobre la marcha, tratando de ver y seguir los pasos del nuevo pastor nos lo muestra dueño de una actitud de mucho respeto y seguimiento de su antecesor al que cita muchas veces, dueño de un lenguaje hondo en otra dimensión del de Francisco, más elaborado, pero no inaccesible y capaz de innumerables expresiones que ya se van haciendo comunes, despojado de todo lo que puede ser académico.

Se percibe su raíz agustiniana ya desde su lema episcopal y de las veces que, en forma explícita o velada, el genio del gran doctor se hace sentir.

Francisco era menos académico, pero no hay abismos entre uno y otro.

Tiene además la ventaja que hablar el inglés que es el idioma de su primera etapa, pero, salvo una cierta tonada, su español es sumamente preciso.

El uso del latín en sus bendiciones es no excluyente y pareciera que quiere fomentar la universalidad.

Basten estos apunten y los que, Dios mediante, iremos agregando para que nos sintamos no fría sino cálidamente leoninos.