Con corazón de padre

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

No podía ser más oportuno la publicación de esta Carta apostólica del Papa Francisco con motivo del 150º aniversario de la declaración por la cual el Papa Pío IX declaraba a San José, patrono de la Iglesia Universal.
Ocurrió el 8 de diciembre sobre el filo de un año que ha puesta tan al borde de la desesperación a la humanidad.


El esposo de María, el padre adoptivo de Jesús “el servicio fiel y prudente a quien el Señor puso al frente de su familia”.

De él afirma el Papa que “ningún santo, después de María, ocupa tanto lugar en el magisterio de la Iglesia” y va enumerando los documentos pontificios. A la par “el pueblo lo invoca como protector no obstante no encontrar en todo el Evangelio ni una sola palabra suya con lo cual podemos admirar la elocuencia de su silencio.

En estos tiempos de pandemia, confiesa, “quisiera compartir algunas reflexiones para que podamos experimentar que nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes, con tanta frecuencia olvidadas, que no aparecen en las portadas de diarios y revistas ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin dudas están escribiendo nuestras historias: médicos, enfermeros, encargados de reponer los productos de los supermercados, limpiadores, cuidadores, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo”.

LOS QUE ESTAN EN SEGUNDA LINEA

Continúa: “cuanta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuantos padres y madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, como enfrentar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando a la oración. Cuantas personas ofrecen e interceden por el bien de todos.

Todos pueden encontrar en San José el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta, un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente en segunda línea tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación.

José es el modelo del creyente como Abraham. Su fe se nutre, como la de María, de la observancia de todo lo que veía en Jesús meditándolo en su corazón.

Pero, a la recíproca, el mismo Jesús aprendió de él y el mismo Papa desea imaginar que, de sus actitudes, Jesús captó el modelo para parábolas como la del hijo pródigo y la del padre misericordiosos”.
“Jesús vio la ternura de Dios en San José”. Así como en la historia más cercana Teresa del Niño Jesús intuyó el camino de la Infancia espiritual cuando su padre la esperaba en la escalera para que no tropezara. “El que acoge, abraza, sostiene y perdona”.

Francisco lo llama a José “padre amado, padre en la ternura, padre en la obediencia, padre en la acogida, padre en la valentía creativa, padre trabajador y padre en la sombra”. A cada una de estas características le dedica bellos enfoques algunos de los cuales nos resulta grato transmitir a los lectores.

UN AÑO DE SAN JOSE

“En medio de las tormentas de la vida no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca porque a veces quisiéramos tener todo bajo control, pero Dios tiene siempre una mirada más amplia”… “la venida de Jesús en medio de nosotros es un regalo del Padre para que cada uno pueda reconciliarse con la carne de su propia historia aunque no la comprenda del todo”… tenemos que dejar de lado nuestra ira y decepción y hacer espacio sin ninguna resignación mundana y con una fortaleza llena de esperanza a lo que no hemos elegido pera está allí. Así la vida puede comenzar de nuevo si encontramos la valentía para vivirla según lo que nos dice el Evangelio”…

Francisco dice que “el mundo necesita a los padres a la vez que rechaza a los maestros porque lo hace a quienes utilizan la posesión del otro para llenar su propio vacío, rechaza a quienes confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, enfrentamiento con opresión, caridad con bienestar, fuerza con destrucción. Ser padre significa introducir al niño a la experiencia de la vida, a la realidad”.

Firme su invocación: “no lo retengas, no lo aprisiones, no lo poseas sino hazlo capaz de opciones, de libertad, de partidas. Sé la síntesis de una actitud que expresa todo lo contrario de la posesión”.

Fiel a su estilo recurre a un escritor polaco JanDobraczynski, que en su obra “La sombra del Padre” a través de la imagen dibujas que fue para Jesús el perfil del Padre Celestial en la tierra porque lo auxilió, lo protegió, no se apartó jamás de su lado”.

Un año de San José, entonces, que nos llama, en fin a recurrir a él en las circunstancias graves y lúgubres que nos acosan.