El año 1960 había sido declarado el del 150 aniversario del comienzo de la independencia Argentina.
Todo él dedicado a celebrar como argentinos todo lo ocurrido a lo largo de ese tiempo.
La iglesia no pudo estar ausente de ese aniversario y concretó su adhesión organizando una gran misión que embarcó a la ciudad de Buenos Aires y a lo que se llamaba el Gran Buenos Aires.
Ella vivía los pasos previstos a la convocatoria que el Papa Juan XXIII había hecho de la inesperada realización de un Concilio. Para los conocedores de la historia de la Iglesia si bien quedaron asombrados el 25 de enero de 1959 por el anuncio que hizo el Papa en la cede de la fiesta de San Pablo al clausurar la fiesta de la Conversión del santo a escasos tres meses de su elección que había sido el 28 de octubre de 1959.
El Papa Pío XII había sido cabeza de la Iglesia durante casi veinte años marcados a sangre y fuego por la segunda guerra mundial que comenzó a pesar de su llamado enérgico a la paz el 1 de setiembre de 1939.
Esa personalidad de rica y con un sentido muy agudo de la universalidad de la Iglesia hasta el punto de poder decir que dio sentido a lo que iba a ser una fuerte adaptación de la Iglesia a los nuevos tiempos.
PIO XII y JUAN XXIII
La elección de Juan XXIII ocurrida el 20 de octubre de 1959 llamó la atención del mundo no solo por lo que significa para el mundo la elección del obispo de Roma sino también porque era un hombre casi octogenario más allá de las distintas características de las personalidades.
Una de las notas distintivas de las dos personalidades en su presencia física (un Pío XII delgado y casi una figura medieval y un hombre más cercano a la forma más material por decirlo de manera más comprensiva).
Esto también nos hacía valorar las distintas formas materiales y temperamentales de sus hombres.
El anuncio inesperado de la convocatoria más que sorprendente fue recibido fría mente por el círculo más cercano al Papa y como lo hemos dicho se destacó ampliamente la aprobación de quien era arzobispo de Milán, el Cardenal Montini que cuatro años más tarde, era elegido nuevo Papa, Pablo VI.
Dos figuras también que nos hacen palpar ni una supuesta uniformidad de actitudes y posturas sino la riqueza creativa de los elegidos para tan alta y compleja misión.
Habíamos comenzado utilizando la simultaneidad de fechas hablando del sesquicentenario a la revolución de mayo y a la vez evocando aquellos hechos en relación con nuestra propia historia.
EL CAMINO A ROMA
Así como para mí era importante el año 1961 como el último tramo de formación en el Seminario de La Plata, prevista mi ordenación sacerdotal para fines de 1961 mi sorpresa fue enorme cuando a mediados, casi a fines de 1960, el arzobispo de Bahía
Blanca se encargó de comunicarme, que había resulto ordenarme al año siguiente pero no en las fechas habituales de fin de año sino antes, a mediados de año porque me había obtenido una beca por dos años para estudiar Derecho canónico en Roma donde comenzaría los años en el año académico europeo de 1961, mes de octubre.
Menuda sorpresa que dejaba anuladas mis pretensiones de ordenarme y poder estar más cerca de doctorarme y aunque había pautado el sr de ella que, de todas maneras, había sido cómplice de la historia (el arzobispo le había consultado y ella había jurado mantener el secreto sin que yo supiera la movida.
Aunque entra a jugar la estructura moral de mi memoria que era como ejercer muy practica y de mucha personalidad.
Espero seguir haciendo estas confesiones de mi vida para compartirlas con los pacientes lectores.










