“Cada espectador construye su imaginario y proyecta desde sus propias vivencias”

Más de diez años después de su estreno original, Esperando al Cocodrilo vuelve a escena en Miramar con una nueva puesta que dialoga con el presente. Dirigida por Gisela Iranzi, la obra de Mario Carneglia invita a reflexionar, desde el humor y el absurdo, sobre la espera, el deseo y la condición humana. En esta entrevista, la directora cuenta cómo llegó al proyecto, qué resonancias encuentra hoy en el público y su intenso presente teatral en la ciudad.

-Para quienes todavía no conocen “Esperando al Cocodrilo”, ¿cómo presentarías la obra en pocas palabras?

Esperando al Cocodrilo habla de la esperanza humana de sostener un deseo. En este caso, ese deseo está representado por el Cocodrilo, el jefe de esta familia de prófugos. La obra pone en escena el debate permanente entre la razón y el corazón, esa tensión constante que se genera al intentar complacer una idea que sostenemos durante mucho tiempo.

-¿Cómo llegaste a dirigir “Esperando al Cocodrilo” y qué fue lo primero que te atrapó de la obra?

La idea de traer esta obra a la escena miramarense fue de Maxi Tedesco, quien la tenía en mente desde que la vio en la Fiesta Regional de Teatro Independiente en 2013, donde resultó ganadora. Yo sabía que Maxi estaba gestionando los derechos del texto de Carneglia, pero nunca imaginé que iba a ser parte del proyecto.

Hasta que un día me escribió para proponerme sumarme, con un elenco ya pensado: Gigi Liburdi como la Tero, Laura Palmieri como la Tortu, Sofía Moreno como Paloma y Maxi como la Rata.

Hubo dos razones fundamentales por las que dije que sí sin dudar: por un lado, el elenco, porque conozco el talento y el compromiso de cada uno tras haber trabajado juntos en otros proyectos; y por otro, el desafío de abordar un texto del maestro Mario Carneglia, una experiencia profundamente enriquecedora para el trabajo grupal. Así que me tiré de cabeza.

-Son personajes olvidados, prófugos que ya nadie busca: ¿qué creen que el público puede reconocer de sí mismo en ellos?

Creo que cada espectador, al sentarse en una butaca, construye su propio imaginario a partir de sus vivencias. Esa es una de las grandes virtudes del teatro. Desde que empieza la función, cada uno arma su universo personal dentro del universo que propone la obra, y ahí sucede la magia de la intimidad.

Algunos se ríen del vínculo madre-hija, otros de las reacciones de los personajes mientras realizan su trabajo. Y luego, en la sobremesa, aparece algo más profundo: reírse del absurdo humano que implica esperar que algo pase, ya sea tejiendo una red de pesca, como en la obra, o trabajando en una oficina.

-La historia transcurre a la orilla de un río, con redes de pesca: ¿qué tiene de especial traer esta obra a una ciudad como Miramar?

Mario Carneglia tenía una relación muy cercana con la pesca, por lo que esta imagen no es casual dentro de su dramaturgia. En esta versión cuidamos el texto de manera casi minuciosa, respetando los diálogos originales, porque cada palabra tiene un sentido dentro de la pieza.

Como elenco, trabajamos el imaginario desde un lugar cercano y conocido para nosotros, como es el paisaje marino. Eso se refleja en escena: apenas se abre la sala, el espectador ya se sumerge en ese galpón construido con una estética muy cuidada, diseñada por nuestra escenógrafa Virginia Torralba.

-“Esperando al Cocodrilo” vuelve a escena más de diez años después: ¿cómo sienten que dialoga hoy con el espectador actual?

Es una pieza que ya forma parte de las grandes joyas del teatro argentino contemporáneo, y por eso trasciende cualquier época. Ese fue, justamente, uno de los grandes desafíos al momento de montarla.

Tuve la oportunidad de conversar con personas que vieron la versión original de Carneglia y ahora esta nueva puesta. Más allá de las diferencias en la puesta en escena, el mensaje impacta de la misma manera. La esperanza de que algo que se fue vuelva, ese deseo persistente, sigue siendo parte de la naturaleza humana.

-Además de este proyecto, estás en otros trabajos teatrales, como los del Teatro Konstantin y otros espacios. ¿Nos podrías contar más de eso?

Este año se fortaleció mucho el trabajo conjunto con Nadia Pais y Claudia Casas, con quienes gestionamos el primer Festival Breve de Teatro Independiente en Miramar, realizado en junio de 2025.

En el espacio Konstantin formo parte, desde el inicio de temporada, de un nuevo ciclo llamado Teatro Room, que se presenta los miércoles y sábados en La Esquina Multiespacio. Son cuatro obras breves por día, de aproximadamente quince minutos, con una propuesta que combina teatro, comida y bebida.

Los miércoles actúo junto a Matías Cuniglio en Desnudos… más o menos, una obra breve escrita por Pato Robles, y los sábados participo en la recepción del ciclo.

También fui convocada para un reemplazo en Una libra de carne, lo que me permitió trabajar con máscaras, otra creación de Virginia Torralba, sumando un nuevo desafío actoral para este inicio de 2026.

Además, estoy trabajando en la difusión de El soplador de estrellas, una obra infantil que se presenta los miércoles de verano, y los jueves continuamos con la segunda temporada de No es que no te quiera, de Diego Apesteguía, en el Teatro Municipal Abel Santa Cruz.

-Para cerrar, si tuvieras que invitar al público de Miramar a la obra en una frase, ¿qué le dirías?

Que vengan a ver una obra con actuaciones de excelencia y un texto que invita a reírse y, al mismo tiempo, a reflexionar.