Esta cita que tengo semana a semana con los lectores es para mí ocasión de tener los ojos y el corazón abiertos para procurar estar atentos a lo que, en términos bastantes grandilocuentes, podría llegar a llamar la noticia de la semana.
Ello no solo me lleva a estar atento a o que ocurrió en el mundo, sino de una manera más acotado a lo que la Iglesia ha dicho y ha hecho durante la semana.
Para ello haría falta un espacio más que el semanal que tanto agradezco y que también forma parte de mi tarea, la del ciudadano de mundo y de un lugar en el mundo y tratando de ser fiel a la tarea de servicio sacerdotal que la oración y los tiempos tienen la misión de hacer presente.
Hoy trataré de transmitir a los que tienen la oportunidad de encontrarse conmigo a través de esta columna.
Con el trasfondo del encuentro mundial de los jóvenes por el Papa León y la fiesta d la Asunción de María que vino a indicarnos que se acerca la primavera me encuentro con un texto que quiero compartir con ustedes.
BOB DYLAN
Se trata nada menos que aquel que sintetizó varias décadas atrás inquietudes de jóvenes seguidores de Bob Dylan y confieso que un episodio de su vida artística me empujó más aún para compartirlo esta semana.
El artista cantó en un Congreso eucarístico llevado a cabo en Bolonia en los años 80 del siglo pasado ante el Papa de entonces que era Juan Pablo II lo cual muestra aperturas pastorales y culturales muy amplias como desearíamos me diesen con mayor frecuencia, sobre todo en el año Santo que está celebrando y con el modelo de la presencia de centenares de miles de jóvenes de todos los continentes.
No esta tampoco de más recordar a propósito que hubo quienes criticaron al Papa por este hecho.
Se llamó “el poema de la generación beat” ¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que la llamen hombre? ¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en la arena? ¿Sí y cuanto tiene que volar las balas del cañón antes de que sean prohibidas para siempre? La respuesta, amigo está soplando en el viento. Sí y cuanto tiempo tienen que volar las balas de un cañón antes de que sean prohibidas para siempre. ¿Sí y cuanto tiene un hombre que mirar hacia arriba antes de que pueda mirar el cielo? ¿Sí y cuantos oídos tiene que tener un hombre para que pueda oír a la gente gritar? ¿Sí y cuantas muertes se aceptarán hasta que se sepa que ya ha muerto demasiado gente
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento, soplando en el viento.
Y cuantos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar. ¿Si y cuantos años deben vivir algunos antes de que les conceda ser libres? Sí y cuantas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo ver lo que no ve.
La respuesta, amigo mío esta soplando en el viento, la respuesta está soplando en el viento.