“Belén”, la mejor película (Padre Hugo Segovia)

Si tenemos en cuenta que veinte veces una película argentina ha obtenido la distinción a la mejor de Iberoamérica en el festival de Goya, podemos darnos cuenta de una dimensión poco reconocida de nuestro cine.

Viene ello ahora que recibimos la información, a fine de febrero, que el filme argentino “Belen” había sido considerado la mejor película iberoamericana en el marco del cuarenta aniversario de ese festival.

Lo primero que sentí en medio de la conmoción por la situación que ese mismo sábado había contribuido a agravar la situación en Oriente.

Vale, ante todo, manifestar, que esa situación que golpea al mundo tiene una trágica explicación ya que no se ven actitudes que puedan atenuar, casi imposible eliminar, los anuncios bíblicos.

También vale la pena reiterar la postura del Papa León XIV que no hace más que plantear al mundo el horrible panorama que no parece aclarare sino agravarse y recordar, con gratitud, aquella expansión de “la guerra en pedazos” a que aludía tanto el Papa Francisco.

Es además ocasión de expresar lo egoísta que solemos ser frente a la guerra como si fuéramos ajenos a los conflictos y una muestra de ello puede ser la escasa repercusión que nuestros medios informativos dicen a la película premiada en Madrid.

Sin caer en actitudes pesimistas debemos reforzarnos por ser mensajeros de una paz tan esencial para el mundo.

NOSOTROS Y EL CINE

Cuarenta años de historia de este festival de los Goya nos hablan también de la presencia constante de nuestras películas entre las merecedoras de la distinción que indica el Goya.

Nos nueve también ello a recordar que desde 1986 ha tenido presencia protagónica y recordar títulos que hablan también por sí solos y pueden darnos ocasión para recordar y reflexionar sobre ente, aunque está pasando por una dolorosa etapa que puede hacernos olvidar de lo que significa el cine en nuestras culturas.

Y así surgen desde aquella “La película del rey”, ¡otras tan entrañables como “Un lugar en el mundo!, “Cenizas del paraíso”, “Plata quemada”, “Un cuento chino”, “La odisea de lo giles”, “Relatos salvajes”, “El ciudadano ilustre”, “El clan”, “Argentina 1985”.

Vamos de ellas también llegaron a bordear el Oscar de Hollywood sin olvidar aquella que núcleo el 2010 el premio más valorado de todos, “El secreto de sus ojos”.

Premios no solo a las películas sino también a otras expresiones relacionadas. Ahora mismo dos argentinos han sido distinguidos sin ser premiados, por su lugar en la historia de candidatos: el actor Juan Minujin con su labor en “Los domingos”, película española y el director Héctor Zin por dirigir “Todos somos Gaza”.

“LA MULTITUD DE OTROS”

Todo esto me trae al lugar de los recuerdos significativos lo que vivimos durante diez años en los Encuentros de la Iglesia con el mundo del teatro (1995.2003) que el obispado de Mar del Plata organizo y que llegó a contar con la felicitación del Vaticano y el apoyo periodístico que cada año se daba cita, a principios de febrero, cuando la temperatura teatral llegaba a su plenitud.

Muchos recorridos de esos años y la siempre prometida idea de escribir su historia y realización durante diez años en esta Mar del Plata, muy reconocida en el mundo como al “ciudad del espectáculo”.

Hoy quiero referirme a la película premiada de la que hay motivos amplios para hablar y sobre todo lo que ha significado un premio para una actriz que veíamos en la TV con tanta frecuencia y que ahora se ha lanzado a esta tarea nada fácil y en un momento más difícil que este para la historia argentina sobre lo que prometa ahondar.

Pienso, además, en un actor llamado Karol Wotyla que, como buen actor, también cambió su nombre para ser Papa Juan Pablo y que dijo desde su profundidad.

El confesó en uno de sus escritos: “pasa por mí una multitud de otros. ¿Cómo he podido conservar mi identidad? Siempre demasiado cerca de mí mismo, en ningún momento alcanzo la perfección, lo que en mí ha quedado de mí, ¿´puede mirarse sin temor?”.