Ayer, hoy y siempre: “Vayan y anuncien el evangelio”

La fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, en el corazón de Adviento, nos trajo este año la noticia que esperábamos.

El Papa Francisco había nombrado ese día como obispo de Mar del Plata a monseñor Ernesto Giobando que viene desempeñando desde hace casi un año la tarea de Administrador Apostólico de la diócesis.

Estábamos recordando el primer aniversario de aquel 16 de diciembre de 2023 en que el Cardenal Eduardo Francisco Pironio, segundo obispo de la diócesis de Mar del Plata era beatificado y reflexionando sobre el amor que había experimentado quien de 1972 a 1975 había Gobernado la diócesis que se hizo evidente cuando en su despedida llamado por el Papa Pablo Vi a la prefectura vaticana de los religiosos e institutos seculares.

Desde ese mismo, Luján, donde había sido ordenado sacerdote en 1943 y obispo en 1964 emocionó a todos al asemejarse a Abraham cuando Dios lo manda a sacrificar a su hijo Isaac.

Ese era el amor por su diócesis a la par del dolor que le causaba asumir otras tareas junto al Papa en el gobierno de la Iglesia.

A Luján volvería después en 1998, y allí se harían patentes sus propias palabras: “vamos hacia la casa del Padre. La alegría de morir consiste en saber que volvemos a la casa del Padre llevados de la mano por Jesús”.

LOS LUGARES Y LAS PERSONAS

La coincidencia del nombramiento de monseñor Giobando en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe es un dato que nos interpela ya que el pedido de la Virgen al Indio Juan Diego bien podría ser el que le hace al recién elegido: por qué tienes miedo, no estoy acaso yo a tu lado”.

Ella, la madre de toda la Iglesia, se ha mostrado, pocos días antes de esta elección, en la marcha de la Esperanza. Momento de la Iglesia Marplatense que cada año renueva la devoción de los hijos a la madre y que él ha podido vivir en estas vísperas, de su elección.

No podemos olvidar tampoco lo que en la carta de envío del Cardenal Pironio a la consagración de la nueva basílica de Guadalupe pedía Pablo VI con firmeza: “mientras no haya justicia social el templo no estará terminado”, urgencia pastoral que no ha perdido vigencia y que se hace cada vez más elocuente Monseñor Giobando en este casi año de su tarea como administrador apostólico ha estado recorriendo toda la diócesis que ahora el Papa le encara aparentar y que hace vivo el “viajen y prediquen el Evangelio” que eligió como lema cuando fue consagrado obispo diez años atrás.

Había nacido en Santa Fé el 13 de diciembre de 1959 y en la Compañía de Jesús recibió la formación que culminó en su ordenación sacerdotal.

LA CERCANIA DEL PASTOR

Elegido obispo auxiliar de Buenos Aires a cargo de una de las vicarías en que está dividida la ciudad y simultáneamente miembro de diversas comisiones que hacen a la vida de la Iglesia en el país.

No podemos ignorar su trabajo en la causa que culminó con la canonización de María Antonia de la Paz y Figueroa, la mamá Antula. Sobre ella ha escrito y participado activamente en las arduas tareas que llevan a la canonización.

Ha recorrido los lugares y las instituciones de la diócesis y tanto las personas como los lugares han experimentado su cercanía cálida y familiar, las propias de un pastor que anhela conocer a sus ovejas a la misma medida que ellas lo van conociendo a él.

Mar del Plata y no solo la ciudad, sino las ciudades y los pueblos que componen la diócesis se alegra por el nombramiento de su nuevo obispo.

La ciudad, una de las principales de nuestro país con la riqueza que da el tiempo del turismo hasta ser considerada una especie de capital estival ante tantas vacilaciones y sombras renueva la capacidad de encuentro y no por oportunismos pasajeros emprender un cambio que desde adentro se extienda sobre todo al país y logremos la sanación de tantos males que nos aquejan y nos hacen caer.