Ayer, hoy y siempre: “Que aprendiste de tu mamá”

Este mes de octubre, junto con el comienzo de la ansiada primavera, está pleno de acontecimiento si la llegada de la estación estuviera animando el crecimiento y a la renovación.

Desde el ángulo eclesial, octubre es el mes sin embargo del otoño después de ese “farragoso” que empuja a la pausa veraniega, tiempo que, en Italia, por ejemplo, detiene la actividad y todos salen al campo, todos viven esa experiencia de salir al campo, la “villegistura” la llaman.

El Concilio Vaticano II, hace 62 años, empezó en octubre, el 11 de octubre de 1962, en un día que la universalidad de la Iglesia se hizo visible en la procesión de los 2500 obispos de todo el mundo de esa Iglesia que había escuchado en envío de Jesús de ir por todas partes a predicar el Evangelio. Obispos que ahora son 500.

Ese era el día entonces de la Maternidad de María y el día anterior daba la impresión que sería una jornada tormentosa como, por otra parte, ocurre muy seguido en ese mes, lo que los romanos llaman “ottobrate”. Sin embargo, fue un día de otoño luminoso, y a él se asoció ese desfile de los obispos, el Papa Juan XXIII que entró en la basílica de San Pedro y se bajó de la entonces usual silla gestatoria porque quería mostrar, si bien el primero, uno entre miles, pastor con los pastores.

De la manifestación de los de la diócesis de Roma a la noche ya hemos hablado con emocionado recuerdo a lo que fue la caricia del Papa a los niños.

AQUELLOS DIAS DE LA MADRE

También el tercer domingo de octubre tiene lugar el día de la Madre.

No entramos en la polémica que tiene mucho de estéril sobre la denominación de la fecha que daría lugar, también, a esterilizar más aun la cuestión.

Pero sí decir que escuchando un programa radial surgió el título y el tema de esta columna.

Venía a la memoria aquel tiempo en que me tocó ser párroco de Miramar. En la parroquia San Andrés fui primero durante 4 años, colaborador de un maestro de pastores como el Padre Vicente Altaba de quien fui sucesor desde 1980 hasta 1992.

Allí, el tercer domingo de octubre, la misa de la Madre era un acontecimiento que bien podría denominarse, la apoteosis de la familia.

La misa de la mañana era como la síntesis de todo un trabajo de pastoral familiar.

Allí teníamos la costumbre de que las ofrendas de la misa estaban en manos de madres: una que lo había sido en el transcurso del año, otra que estaba esperando serlo, otra madre que había perdido a su hijo, pero también una que había sido madre espiritual como una tía que no se había casado ni era madre, pero se había ocupado de los niños de la familia. Pero tampoco faltaba una religiosa que bien podía ser considerada madre eventual y que no creo se tenga en cuenta cuando se habla de la madre.

Había también un bautismo de una niña que sería madre y, sin duda, algún reconocimiento a alguna madre por su trabajo comunitario.

LA SONRISA DE MAMA

No puedo olvidar que en aquellos tiempos había sido estrenada por una película argentina, “La sonrisa de mamá” que tenía como protagonistas a Palito Ortega y a una figura casi mística como Libertad Lamarque. Ambos habían protagonizado y había cantado a dúo “La sonrisa de mamá”

Esto último fue una innovación y algunos no estuvieron de acuerdo porque las normas litúrgicas son precisas en ese sentido, pero también el estar presentes en la realidad, la inculturación nos abría una puerta para hacerlo.

¿Qué aprendiste de tu mamá? Una pregunta que el peso de los tiempos y los cambios culturales no pueden pasar por alto ni reducirlas a lo obsoleto o pasado de moda.

¿Y que aprendía yo de la mía? Es una deuda pendiente y ni esta mención de ahora me disculpa de lo que fue para mí esa mujer que tuvo solo este hijo pero que tenia un carisma envidiable como para ser madre de muchos y por ser la mía tuvo un trabajo, como decía el presidente de Chile sobre el escritor Antonio Skármeta de una Argentina que le dolió mucho.