Ayer, hoy y siempre: «Peregrino penitente»

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

“Una peregrinación penitencial para pedir perdón en suelo canadiense, por el mal hecho a los pueblos nativos por los misioneros católicos”… disculparse por las generaciones de traumas que sufrieron las comunidades indígenas como resultado de la política impuesta por la iglesia, para eliminar su cultura e incluirlos en una sociedad cristiana canadiense… la Iglesia no puede exigir que la población de otros continentes emite la forma en la que los europeos expresan su fe”.
Expresiones como éstas se han multiplicado sobre todo cuando el Papa Francisco manifestó que viajaría a Canadá dándole prioridad a las características de peregrinación y penitencia.
No es exagerado afirmar que éste es el más, o, por lo menos uno de los más, riesgosas de su recorrido por el mundo del que este viaje lleva el número 37 y no solo por el motivo del viaje sino porque, además, es como meter el dedo en la llaga pues pone al descubierto un episodio en el cual se involucra a toda la cultura de un occidente que se atribuía el dominio de la cultura. De esta han sido también victimas las iglesias de lo cual todavía quedan huellas muchas de ellas aun sangrantes.
En su mensaje anterior al viaje decía Francisco, “vengo a ustedes para reunirme con los pueblos autóctonos. Espero que, con la gracia de Dios, mi peregrinación penitencial pueda contribuir al camino de reconciliación ya iniciada.
Por favor acompáñeme con la oración”.

Mentalidad colonizadora

Viendo y escuchando estas imagines vino a mí mente algo que me hizo entender lo que había pasado: en los años del Concilio el arzobispo de Bahía Blanca me pidió que lo acompañara al Vaticano donde tenía una audiencia con el Cardenal Pizzardo.
Mientras esperábamos ser llamados entró un obispo africano negro que se identificó como monseñor Malula, obispo auxiliar de Leopoldville, llamada así lo que sería Kinshasa. Después de presentarse, el bahiense le preguntó: “¿Usted estudió en Roma”? A lo cual el negro, no sin cierto orgullo le contestó: “no, todo allá”. Ahí se veía la mentalidad colonialista sin imaginar que ese obispo negro llegaría a ser cardenal, muy vinculado con el proceso de inculturación entonces en curso.
Ahora, allí Francisco denunciaba “el mal cometido en los internados que funcionan en Canadá desde fines del siglo XIX hasta la década de 1990 en los que miles de niños nativos sufrieron abusos; allí la historia de dolor y desprecios originada por una mentalidad colonizadora no se sana fácilmente; al mismo tiempo nos advierte que la colonización no se detiene, sino que en muchos lugares se transforma, se disfraza y se disimula”.
El papa celebró en Edmonton, al este del país una misa ante 50 mil personas y estuvo en el lago Sainte Anna, lugar de peregrinación y reiteró, en la fiesta de los santos Joaquín y Ana sus pedidos sobre los ancian os haciendo apología de las raíces sin pasar por alto los frutos.
En Quebec, al norte del país en el archipiélago Ártico se encontró con las autoridades y el cuerpo diplomático y entre ellos la gobernadora general de Canadá, Mary Simon que representa a la jefa de Estado, la reina Isabel que además es la primera indígena en el cargo de gobernadora general. El primer ministro Justin Trudeau recibió al viajero junto con otros integrantes del gobierno y del cuerpo diplomático.

¿Un paso al costado?

En la Catedral de Quebec pronunció su discurso a los obispos, sacerdotes y consagrados. Es una de las facetas más elocuentes del Papa ésta de hablar a los consagrados.
Además, y más allá de las limitaciones físicas en las cuales demasiado se ha insistido, es notable la claridad no solo de su pensamiento sino la precisión de su discurso, claro y conciso. De esto no se escuchan comentarios.
La visita concluyó con una visita a una de las regiones más despobladas del mundo a 200 kilómetros del Círculo Polar Ártico, Nunavut. Reiteró la situación de “un mundo cada vez más desmejorado en medio de los escándalos, guerras, engaños, injusticias, destrucción del ambiente, indiferencia hacia los más débiles, decepciones de parte de los que tendrían que dar el ejemplo”. En su viaje de retorno a Roma el Papa conversó con los periodistas en el avión donde la mayor parte del tiempo giró sobre la salud del Papa. “Ahora, dijo, personalmente, sinceramente no lo sé. Este viaje también me ha puesto un poco a prueba, es cierto que no se pueden hacer viajes en ese estado, hay que cambiar un poco el estilo, disminuir, pagar la deuda de los viajes que quedan, reorganizar. Pero el Señor lo dirá.
La puerta está abierta”. Habló de sus dificultades con la naturalidad durante cuarenta minutos. “No creo que pueda ir al ritmo de antes, a mi edad y con esta limitación tengo que cuidarme un poco para poder servir a la Iglesia; por el contrario, pensar en la posibilidad de un paso al costado”.
Franqueza de este hombre que ha sido capaz de afrontar este momento y nos ha dado el ejemplo de la entrega con los ojos y el corazón puestos en el Señor.