Cincuenta y tres veces se han celebrado Congresos Eucarísticos Internacionales en distintos lugares del mundo.
La iniciativa viene del Siglo XIX y fue la concreción de una laica, Marie Emile Tamisur que se hizo el propósito de fomentar el culto eucarístico en un lugar y en un tiempo en los cuales se vivían procesos de secularización y era necesario revitalizar la devoción y el culto eucarístico al que el Concilio Vaticano II iba a calificar de cima y fuente de la vida cristiana.
Si miramos al Congreso Eucarístico que se apresta a realizar en Quito entre el 8 y el 15 de septiembre y leemos que el lema elegido es “fraternidad para sanar al mundo” podemos ver la actualidad de esta experiencia eclesial que el paso de los tiempos no ha logrado envejecer.
El lema de éste es precisamente explícito: “fraternidad para sanar al mundo” y vienen a la mente elocuentes palabras que el Papa Francisco pronunciara precisamente el 2 de junio cuando se llevó a cabo la tradicional procesión de Corpus Christi en Roma uniendo las basílicas de San Juan de Letrán y Santa María la Mayor que había sido suspendida a causa de la pandemia de Covid-19 y de enfermedades del Papa.
Allí Francisco decía que el mundo tiene necesidad de este pan, de su fragancia, un perfume que habla de gratitud, de libertad, de proximidad cuando vemos hoy demasiadas calles que tal vez antes olían al pan recién sacado del horno reducidas a montones de escombros a causa de guerras, egoísmo e indiferencia.
EL PAN DEL AMOR
Es urgente, agregó, devolver al mundo el fresco aroma del pan del amor para seguir esperando y reconstruyendo sin cansarse lo que el odio destruye.
A nosotros nos toca de cerca esta celebración mundial de la Eucaristía pues en octubre se cumplen 90 años de la realización del número 32 de estos encuentros el llevado a cabo en 1934 en Buenos Aires que fue un momento de gracia fundamental y que vino a dar sentido a un tiempo de renovación y profundización de la fe hasta el punto de que se puede hablar de un antes y un después del mismo.
Otros congresos fueron el de 1968 en Bogotá al cual presidió el Papa Pablo VI y fue la base de la II Conferencia del episcopado latinoamericano del cual salió el documento que acunó la puesta en vigencia del Concilio Vaticano II así como la fue en 1955 el que celebrado en Río de Janeiro dio lugar a la Constitución del Consejo Episcopal Latinoamericano, el C.E.L.A.M. modelo mundial de lo que sería imitado por los otros continentes y lo que ahora da también a vitalizar la sinodalidad en la Iglesia.
UNA MASA NUEVA
¿Qué pasará en Quito el mes que viene? Recurrimos a las palabras del arzobispo primado de Ecuador, monseñor Alfredo José Espinoza Mateus que destacaba algunos de los momentos que se vivirán como la Primera Comunión de miles de niños el día de la apertura informando que una delegación estuvo en Roma informando y recabando orientación en los organismos respectivos.
Decía el arzobispo: “estamos esperando a todos, ya tenemos inscriptos de 35 países revelando incluso que la preparación viene de lejos pues empezó cuando el Papa Francisco estuvo en Ecuador en 2015.
Esto muestra que no se trata de algo imprevisto o apresurado y nos hace ver a una Iglesia presente en las realidades múltiples y complejas que ha vivido el país, particularmente en América Latina.
Decía el arzobispo que el lema es vista de esa realidad y “buscará ser esa voz profética para reclamar a todos que la fraternidad es el único camino posible para hacer y construir un mundo nuevo”.
Uno de los temas que han preocupado es el de la seguridad pues sabemos lo difícil que es la situación del país.
Se ha hecho ver que la historia muestra que era idea de convocar hombres de los diversos países para reavivar la presencia eucarística de Cristo entre nosotros y, a través nuestro es el corazón de la Iglesia y de su misión.
Concluyen: “reunirse para la Eucaristía con diferentes sensibilidades, culturas, historias a pesar de las diferencias lingüísticas, tal vez con heridas aun abiertas, de hostilidades fratricidas significa centrarse en la única levadura capaz de fermentar a veces la historia humana convirtiéndola en masa nueva para el reino de los cielos”.