Al comenzar el año litúrgico y acercarnos a los últimos tramos del año vienen a cruzarse en el camino los propósitos y las realizaciones, muchas veces oponiéndose.
¡Cuantas cosas han pasado! Hemos querido cada semana reflejar por lo menos algo de lo más destacado, desde nuestra presencia en un mundo tan complicado.
Nos damos cuenta también cuántas noticias han pasado de largo y nos consolamos pensando que es poco el espacio semanal, que haría falta más espacio.
Por ejemplo, no dijimos nada de un hecho cuya omisión no nos perdonamos aun habiendo tantos otros han pasado sin que los mencionaremos.
Me refiero a la muerte del Padre Gustavo Gutiérrez cuyo libro de 1971 Teología de la liberación “tuvo la fuerza de ser considerado como un hito fundamental de la Iglesia posconciliar.
Solo vamos a recurrir, con el difícil que resulta, elegir unas palabras del arzobispo de Lima que será incorporado esta semana al Colegio Cardenales, monseñor Carlos Castillo: “ese amigo nuestro, sacerdote peruano que acompañó a la Iglesia durante toda su vida ha muerto sirviendo a toda la Iglesia y siendo fiel en cualquier circunstancia incluso en los momentos más difíciles recordándonos siempre que el buen pastor debe cuidar a sus ovejas especialmente a los pobres que dio vueltas al mundo y se integró en el magisterio de la Iglesia como un camino fundamental para vivir nuestra fe”.
GRACIAS A UN CARDENAL
Leyendo los anuncios de algunas editoriales me encuentro con una sobre un libro que el reciente llamado a formar parte del colegio cardenalicio que ha sido uno de los autores que considero importantes en mi vida.
Se trata del Padre Timothy Radcliffe que fue superior mayor de los Padres dominicos.
Ahora su nombre ha adquirido resonancia porque en el Consistorio que celebrará al Papa Francisco en estos días será elevado a la dignidad caritena.
A él debemos un libro reciente que nos ayudará a vivir más a fondo la preparación para vivir este tiempo de gracia.
El libro titulado precisamente “Adventus” nos da una perspectiva más espiritual que teológica y nos invita a meditar e interiorizarse el Adviento para llegar a la Navidad que irrumpa en nuestro interior y transforma nuestra vida.
La enseñanza del Padre Radcliffe ha sido muy importante para mí, y me ha acompañado iluminando momentos importantes de mi vida.
Tanto que los tengo en mi calendario y me da esta oportunidad de su exaltación para consignarlo en esta columna: 12 de enero de 2003, 31 de mayo de 2010.
En la predicación como en la vida su enseñanza ha sido fuente de inspiración que he compartido además con otras personas por lo cual me uno a la alegría de su cardenalato.
PALABRAS PARA TODOS
Son tantos los textos que ofrece a diario el magisterio del Papa Francisco que me animo a decir que es imposible casi elegir algún texto y nos queda la inquietud de no ser lo generoso que ese magisterio nos suscita.
Como para saludar, aun en mínima medida, esa deuda quiero hacer referencia en estas vísperas consistoriales a una carta que marca a los nuevos cardenales caminos para responder a ese honor y a esa responsabilidad a los que son llamados.
Ya he dicho que utiliza como lo hace tantas veces autores relacionados con su vida.
En este caso a un compatriota, Francisco Luis Bernárdez: les desea a los cardenales “tener los ojos altos para que amen más universalmente y con mayor intensidad; tener las manos juntas porque la oración es el ámbito del discernimiento para ayudarnos a buscar y encontrar la voluntad de Dios y pies descalzos tocando la aspereza de la realidad de muchos rincones del mundo.
Pero sigue:” rezo por ustedes para que el título de servidor (diácono) opaque cada vez más al de “eminencia” (el que corresponde en el protocolo a los cardenales).
No solo para ellos sino también para nosotros ¡Cuánto nos enseñan las palabras!










