La canonización de María Antonia de la Paz y Figueroa, a la que se conoce como Mamá Antula, ha sido uno de los temas preponderantes de los últimos días. No solo el hecho de ser la primera santa mujer de la Argentina sino por las características de la vida de eta servidora de Dios y de los hermanos inherentes a todos los que la Iglesia eleva al honor de los altares.
Siempre ellos, de cualquier procedencia geográfica e histórica, son precisamente una actualización de lo que es el servicio a dios y a los hermanos.
Además en el tiempo difícil que nos toca afrontar son oportunas recientes palabras del Papa Francisco que, refiriéndose a las realidades dolientes que parecen llevar el predomino de los tiempos que vivimos ha dicho que no se trata de dolores de agonía sino de dolores de parto.
Una visión que, sin pasar por alto la gravedad de los problemas que atormentan al tiempo actual, nos hacen mirar la realidad con otros ojos: son tiempos que sufren casi como agonizando, dolores de muerte pero sin embargo están preparando tiempos nuevos. Allí aparece aquello de que la mujer que está esperando un hijo sufre pero se alegra porque se trata de nacimiento de una vida.
Coincide esta canonización con el comienzo de los cuarenta días que preceden a la Pascua, centro de la vida de la Iglesia así como lo es del mundo entero.

UN POEMA PARA CUARESMA
Semanas atrás hablábamos en esta columna de una poesía que me alegraba de haber encontrado y que nos ayuda a vivir también nosotros una forma nueva que nos haga también renovar nuestra vida de relación con los hermanos sin caer en la escrupulosidad de los que creen que todo está mal y se acusan sin tener compasión de sus propias actitudes pero también de los que no le dan importancia a los gestos de cada día pensando que todo está bien encontrando siempre una justificación a sus actitudes.
La poesía se llama “El búcaro roto”, su autor es Sully Prudhonne y nos dice:
“El búcaro en que muere esa flor pura
un golpe de abanico lo quebró
y tan sutil fue la rozadura
que ni el el más leve ruido se advirtió
pero la leve e imperceptible grieta
con marcha lenta y precisión fatal
prosiguiendo tenaz su obra secreta
rodeo todo el circuito de cristal.
El agua fue cayendo gota a gota
y a la espléndida flor marchita veis,
aunque nadie lo sabe ni la nota
roto el búcaro está! ¡no lo toquéis!
Así, a veces, la mano más querida
nos roza sutilmente el corazón
y lenta se abre su secreta herida
y se mustia la luz de una ilusión.
Todos lo juzgan sino, entera, fuerte
mas la oculta lesión creciendo va,
nadie su mal desconocido advierte
pero no lo toquéis: ¡roto ya está!
HACIA LA PASCUA
Muy bellas y muy profundas las enseñanzas de este texto.
Ya el Papa Francisco nos ha acostumbrado a embellecer sus palabras, también ellas portadoras de belleza y profundidad, con textos de autores de distinta procedencia. No olvida que en su juventud él enseñaba literatura, sobre todo en el emblemático colegio de La Inmaculada de Santa Fe.
Al comenzar esta Cuaresma y sin perder tampoco de vista a la santa argentina María de la Paz y Figueroa que es considerada la primera escritora argentina ya que se encuentra un rico material de carta que ella enviaba desde aquí a los jesuitas, exiliados en el siglo XVIII.
La Iglesia nos repite sin repetirse, el programa cuaresmal: oración, penitencia, presencia con los que sufren y muchos son los caminos que nos conducen a la celebración de la Pascua en medio de dudas, desencuentros y marginaciones.
Sin caer en aquellas actitudes, poco sanas, de escrupulosidad y de permisivismos, es tiempo para que pensemos en los búcaros rotos de nuestra vida.