Ayer, hoy y siempre: Meditación en la villa

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Dos años antes de su muerte el Padre Carlos Mujica escribió la oración que vino a ser un texto muy inspirado que entonces nos ayudó a entender lo que estaba pasando en el país pero que transcendió el momento y ha llegado a ser una página antológica. Se trataba de una personalidad que expresaba a través de sus palabras una vida asumida hasta la muerte y muerte de cruz.

Es lo que sentimos aquel 11 de mayo de 1974 cuando nos enteramos de que no había amor más grande que dar la vida por los amados.

¡Como nos estremece ahora el testimonio del Papa Francisco al decir que él interpela, a  luchar, ante todo tipo de injusticias y nos enseña a no dejarnos arrastrar por la colonización ideológica ni por la cultura de la indiferencia!.

Pero también nos conmueven las palabras del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva que en la misma misa celebrado al cumplirse 50 años de ese asesinato dijera que “seguimos chapoteando entre la descalificación y el odio en el barro de la corrupción, estamos al barro de los constantes enfrentamientos constantes mientras los pobres siguen en el barro de las calles de sus barrios sin asfalto y sin plan de urbanización porque estamos asistiendo a la discontinuidad de políticas públicas de integración de barrios populares que había sido integradas con el consenso de distintos políticos y representantes legislativos”.

LA URBANIZACION DEL CONCILIO

Cincuenta años han pasado de aquellos tiempos violentos en los cuales el asesinato del Padre Carlos Mujica sacudió al país.

Una figura singular la de este sacerdote que fue protagonista de momentos claves de los años sesenta y setenta, esos en los cuales la Iglesia vivía la realización del Concilio Vaticano y la puesta en vigencia de sus documentos, pero también de su manera de enfocar lo gozos y las esperanzas, los dolores y las angustias del mundo.

Ello tuvo diversas posturas y ocasionó momentos críticos como lo muestran si nos referimos  a nuestras tierras en las cuales la aplicación del Concilio pasó por etapas críticas como, en lo referente al continente ocupa lugar destacado la realización de la II Conferencia General del Episcopado latinoamericano efectuado en Medellín en 1968 en la cual tuvo relevancia la figura de nuestro obispo de Mar del Plata el recién beatificado cardenal Eduardo Pironio que tuvo a su cargo uno de los pronunciamientos clave con su interpretación de los signos de los tiempos en América Latina.

Movimientos eclesiales urgidos por la exigencia del Concilio de una presencia activa en las realidades debieron afrontar desencuentros muchas veces dolorosos como podríamos mencionar lo sucedido en el país que pocos meses después, en 1966, de una importante pastoral del episcopado asumiendo plenamente el Concilio chocó con los postulados de una interrupción del orden constitucional en contra posición con las miradas conciliares.

UN PAR DE ZAPATOS

La figura emblemática de este sacerdote es protagónica de esos años partiendo de su origen social y el ejercicio inquieto de un sacerdocio muy insertado en las realidades socioculturales de aquellos años nunca contrapuestos a las exigencias de un sacerdocio que lo llevó a distintos lugares y momentos-

Vale la pena al respecto comentar que no es una casualidad su asesinato en la salida de una misa en la parroquia de San Francisco Solano y verlo en sintonía con otros martirios tal como el del arzobispo de El Salvador, monseñor Oscar Romero. Con ello sin palabras se hace imagen elocuente ya que el Padre Mujica siempre mostró su vocación sacerdotal aun en momentos de incomprensión y críticas implacables por su compromiso social que nunca desvinculo a su vocación sacerdotal de la que nunca abdicó aun en medio de críticas y amenazas que lo acompañaron sin piedad por un lado pero también acompañado por la gente que recibió de él el apoyo, el calor y la comprensión que animaron las críticas y las incomprensiones que abundaron desde sectores incluso cercanos. Todo ello expresado por el arzobispo en forma elocuente: “recordémoslo no en un retrato ni en una fotografía sino en la militancia como aquellos que hemos vivido la experiencia de que quieran matar”.

Como para que la imagen de los zapatos que llevaba aquel 11 de mayo de 1974 que se mostró en la misa de este aniversario sea más elocuente que muchas palabras.