Ayer, hoy y siempre: “Manos que alimentan”

Nada más a propósito de la situación creada por la decisión oficial de frenar el reparto de alimento a las organizaciones sociales que la reflexión sobre la multiplicación del pan de que nos hable el Evangelio.

Las palabras de Jesús a los que veían a la multitud que lo seguía lejos de la población y necesitada de comer.

A unos discípulos que veían como solución despedir a los que habían seguido a Jesús entusiasmados por su palabra el Señor, la maestra, el camino del compartir, el de hacerse prójimo de los que allí están.

Nos parece una crítica a fondo de todo lo que es indiferencia, lavarse las manos, decir que no tenemos nada que ver.

Frente a esto el Señor da la respuesta evangélica. El “denles ustedes de comer” es la mejor respuesta ante esa actitud individualista que, tantas veces, es la que hacemos vivible con distintos argumentos, algunos fundados en una ignorancia más existencial que intelectual de los caminos y los gestos de la generosidad, de la común pertenencia a una comunidad.

Buena ocasión para examinar cómo actuamos frente al sufrimiento de los otros cuando nos eximimos con facilidad de nuestras responsabilidades, grandes o pequeñas, que se originan de la invocación que hacemos a Dios como padre.

EL PAN ES NUESTRO

En algún tiempo esta columna contaba las veces que la habíamos dedicado a la mujer.

Era una forma de reconocer que éramos bastantes tacaños al respecto.

Ahora encontramos muy destacada para intentar, aunque en pequeña medida, con esa aspiración.

“El pan es nuestro. No podemos desprendernos del hambre del otro. Cada uno sabe que grado de responsabilidad tiene frente al hermano” decía el obispo de San Isidro que tiene ahora la representatividad de presidir a los obispos argentinos en la misa que presidió en la iglesia de la Virgen del Milagro de Caacupé el 19 de junio en la ciudad Evita de la Matanza.

El pan es nuestro. No me puedo desentender del hombre de otro. Cada uno qué grado de responsabilidad tiene frente al hermano. Tantas madres escucharon estas palabras de Jesús a los apóstoles. No son solo madres de sus hijos sino madres de tantos chicos en el barrio.

El obispo destacó el trabajo de las encargadas de los comedores. Llamó vital a ese trabajo de las encargadas de los comedores: estamos trabajando para no entregar a nuestros hermanos al narcotráfico, al enemigo que va forjando un estado dentro del estado.

Advirtió también sobre la violencia que se vive en algunos comedores reciben las quejas por guardar la comida: “pido al Señor que nos cure de la violencia y la confusión en las que podemos entrar”.

LAS MANOS SOLIDARIAS

Organizado por el Equipo de Sacerdote de los Barrios Populares y Villas de Argentina.

Estos tiempos de crisis y confusiones nos duele que a muchas de las mujeres se les haya usado para robar como para vender los alimentos.

Para ellos los curas villeros piden recapacitar a la junta del gobierno, a los políticos, a los formadores de opinión, los empresarios, a todos.

Es de destacar que en el momento de la comunión los sacerdotes que participaban de la celebración recibieron ollas y tupperware de los fieles y los sacerdotes en el altar recibieron las mismas y el obispo propuso bendecir las manos de las encargadas de los comedores y al terminar la misa detrás de la iglesia se entregaron raciones de guiso que habían sido preparados en una olla popular.

Emotivo gesto que en el mundo y en un tiempo ávidos de signos elocuentes remueve los rincones más profundos del corazón humano y nos convocan a intentarlos ni en forma esporádica sino a través de una presencia callada pero que hable y sacude a través de las manos solidarias de estas mujeres que tienen el calor maternal de ellas como antítesis de las manos cerradas por la indiferencia.