Ayer, hoy y siempre: “Los tiempos recios”

Cuando se acerca el tiempo de Navidad y comienza el adviento que para los cristianos es además el comienzo de un nuevo año, viene a mi mente la imagen de una persona que me honró con su amistad.

Una amistad que no tuvo en cuenta la cuestión religiosa ya que el amigo era agnóstico.

Sin embargo, ello no fue obstáculo para que nos sintiéramos unidos en un cúmulo de cuestiones.

Además, y esto no ha sido constante en mi vida pastoral, esa diferencia de posturas me ha servido para orar por aquellos que no han poseído el don de la fe y a quienes tanto me hubiera hecho bien el que fueran también miembros del santo pueblo de Dios.

También en esa expresión “santo pueblo de Dios” es una de las innumerables herencias que nos dejo el magisterio del Papa Francisco.

También era él referente muy asiduo en ese amigo.

Cada año era infaltable hasta 2018 el saludo, personal o telefónico de este amigo al que había conocido en el gym.

Eran casi un slogan sin serlo porque eran palabras siempre nuevas saludarme en este día en que nació un gran hombre cuyo nombre era Jesucristo. A él le resultaba casi una invocación porque lo hacía cada Navidad y cada Pascua y no era un monótono saludo de circunstancia sino la expresión de un estilo y una concepción.

NI IDILICA NI UTOPICO

Leo una entrevista que le han hecho al arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, elegido como presidente del episcopado argentino por el período 2024-27.

Dice el arzobispo: “no presentamos una figura idílica o una utopía sino un Dios Conscientes de su encarnación, de su participación en la vida de la gente” casi como marcando cual debe ser nuestra forma de presentarlo y poniéndonos en guardia para no caer en ciertas imágenes con las cuales hemos enseñado a nuestra gente el misterio cristiano.

La apertura del nuevo año litúrgico y también en las vísperas del Año Santo 2025, quedó iluminada por esas palabras episcopales pensando que bien hubieran servido a mi amigo agnóstico para aproximarse al misterio navideño.

Ni idílica ni utópica la predicación que nos toca en esta preparación del adviento.

Sin caer en un cúmulo de lamentos por la desfiguración de Navidad en que han caído nuestros tiempos y nuestros pueblos, estas reflexiones una figura tan con los pies en la tierra como la de Santa Teresa de Jesús nos ayuda: “en tiempos recios, amigos fuertes de Dios”.

Pero también, desde otro punto de vista, Pedro Aznar nos pide “manifiestos, no plomos con la bajada de línea”.

EL DIALOGO Y EL ENCUENTRO

Decía el fundador del movimiento de comunión y Liberación que “la única condición para ser religiosos es vivir intensamente la realidad”.

Los tiempos entonces nos piden vivirlos intensamente, no con amargura y decepción sino buscando, con pasión, como proceder para que el plan de Dios no sea una abstracción”.

Es preciso estar atentos a las realidades, “vivir las intensamente las experiencias como pedía Luiggi Giussani”.

Como pedía el nuevo presidente del episcopado argentino “no solo hay que dialogar sino desear dialogar”.

Pero, siguiendo su pensamiento “no presentamos una figura idílica o una utopía sino un Dios consciente de su encarnación, de su participación en la vida de la gente”.

Y también esa imagen que el arzobispo ponía del Papa Francisco, “en el diálogo y el encuentro con él, la gente se desarma porque es un hombre sencillo, entusiasta muy empático. Cuando uno está con él percibe que todo está en lo que uno le expresa en el diálogo y el encuentro”.