Ayer, hoy y siempre: “Les debo mi forma de ser”

En Argentina, además de los arzobispados y obispados que han sido establecidos, funcionan cuatro prelaturas que están a cargo de obispos. Ellos son: Cafayate, Humahuaca, Deán Funes y Esquel.

Los dos primeros fueron creados por Pablo VI, así como también los otros dos en distintas oportunidades y funcionan normalmente en distintas regiones de un territorio tan extenso como el que hace a la Argentina.

En los últimos días se ha mencionado uno de ellos, el de Humahuaca, por un acontecimiento que une sentimientos de gratitud y reconocimiento a otros de tristeza y despedida.

Se trata del obispo prelado emérito, monseñor Pedro Olmedo Rivero, quien, después de largos eméritos y a los 79 años ha querido retornar a su patria después de largos años de presencia destacada entre nosotros que lo reconocemos como un pastor siempre presente en las no fáciles circunstancias partiendo de su primera incursión en la tarea en Mina Pirquitas durante dos años como formador de los seminaristas de su congregación. Luego, en Iruya hasta que el 24 de febrero de 1991 fue nombrado administrador apostólico de Humahuaca.

El 7 de Julio de 1993 el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo prelado de dicha circunscripción eclesiástica ordenándoselo obispo el 25 de septiembre del mismo año. Allí, durante 26 años, fue pastor en toda la aceptación de la palabra hasta el momento de entregar el cayado a su sucesor monseñor Florencio Paredes Cruz habiendo llegado a la edad que el Derecho Canónico estable cuyo límite para la función episcopal.

LA CERCANIA DEL PASTOR

Durante 26 años fue pastor de ese pueblo acompañándolo con su estilo cercano en sus diversos momentos muchos de ellos difíciles, pero sin duda que han marcado muy a fondo la prelatura de Humahuaca, que lo ha despedido muy cálidamente.

Pero también la Conferencia Episcopal Argentina ha expresado su sentir en un hermoso documento expresándole el reconocimiento” por su entrega como buen pastor donde supiste ser un fervoroso y generoso siempre disponible para dar testimonio del Señor que te envió allí primero como sacerdote y luego como obispo”.

“Nos vienen a la mente, agregar, las palabras del Papa Francisco: “por favor no olviden esas cuatro cercanías: a Dios en la oración, cercanía a los obispos en el cuerpo episcopal, a los sacerdotes y al rebaño, que el Señor los haga crecer en este camino de cercanía para que puedan imitar mejor al Señor porque también El siempre ha estado cerca y siempre está de nosotros y junto con su cercanía que es nuestra cercanía compasiva y tierna y nos lleva adelante”.

“En tus años de sacerdote no solo animaste las actividades de las parroquias encomendadas sino también fuiste agente sanitario viajando, para asistir a tus hermanos pobres de la puna y la yunga jujeña y salteña que carecían de las actuales posibilidades y atención médica”.

Asimismo, destacan que “nos regalaste con elocuencia tu capacidad de amistad para compartir con honestidad tu mirada a ver las cosas”. Aquí recuerdan el ejemplo de su comunión con el inolvidable monseñor Marcelo Palentini, obispo de Jujuy: “con él ejerciste un pastoreo admirable en esa provincia en tiempos complejos, siempre desafiantes”.

SIEMPRE ESTUVO

Esto nos lleva a describir su despedida que nos parece muy afectuosa y reconocida y que nos hace entrar en una faceta poco común sobre la vida de los pastores.

La comunidad de Humahuaca demostró la manera de despedirlo, pero dejándolo impreso en lo más profundo como lo hizo la intendenta de Humahuaca: “usted fue el sostén en muchos momentos difíciles… tal vez la gente lo ignora, pero usted siempre estuvo conteniéndome y lo sigue haciendo”.

El que vuelve a su patria después de cincuenta años y con un compromiso social por los menos tienen, los más necesitados, humildes y frágiles siguiendo el espíritu de Jesús que siempre puso su mirada y atención en los más vulnerables”.

El obispo emocionado, dijo: “ay Dios mío, pero si ya les hablé muchas veces, muchos años y no me lleva el apunte” les agradezco mucho todo lo que aprendí aquí… debo la manera que soy de ustedes. Muchas gracias por todo, muchas gracias por todo lo que aprendí aquí, de niño jugaba a ser cura y llegó el sacerdocio de grande jugué a ser obispo Dios desde siempre me tenía destinado al episcopado”.

Hermoso el testimonio de un pastor y una comunidad que nos ayudado en la entrega, el trabajo y la dedicación de la tarea evangelizadora.