Uno de los acontecimientos que han marcado el año es la Eurocopa. Ella nos da la ocasión de dedicar una columna a la relación de la Iglesia con el mundo del deporte. Viene en nuestro auxilio la opinión de nada manos que el Cardenal Gianfranco Ravasi hasta hace poco prefecto del Consejo Pontificio de la Cultura.
De él hemos hablado en varias oportunidades ya que se trato de uno de los hombres más reconocidos del Colegio Cardenalicio dada su maestría en el conocimiento y la enseñanza de la Sagrada Escritura que podemos reconocer en sus innumerables libros, pero también en su contacto con el mundo de la comunicación a través de la radio, el teatro y la televisión, medios en los que ha volcado su versación que va a la presión por la Palabra de Dios.
Dice de sí mismo: “nunca he practicado el deporte salvo cuando camino varios kilómetros casi todos los días. Sin embargo, tal vez ya sea el clérigo que ha establecido mayores relaciones de diálogo con el Comité Olímpico Internacional y su presidente Thomas Bach hasta el punto de que, cuando concluí mi mandato como prefecto en el dicasterio para la Cultura me entregó una medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Tokio”.
El Cardenal ha también prolongado un ensayo de la experta Angela Teja sobre el deporte como fenómeno histórico y cultural vinculado con la religión.
CON EL COMITÉ OLIMPICO
Cuenta que muchos deportistas han evocado sus inicios en instalaciones deportivas parroquiales.
Este estudio contiene la documentación de los documentos de los encuentros y correspondencia entre el Comité Olímpico Internacional (COI) de lo que se destaca la del Papa Francisco y el presidente Bach.
El Papa es, sin duda, sensible a este tema como la prueba el apoyo que ha brindado a la creación de una Atlética Vaticana que ha comenzado a participar en eventos internacionales.
Lamentablemente se desconoce en gran medida la relación de la Iglesia con la COI a pesar de su efectiva de sus primeros pasos.
Se recuerda que el creador de este contacto ha sido el barón Pierre de Coubertin y que hubo un guía espiritual, el sacerdote dominicano Henri Didon a quien se debe haber sugerido el lema olímpico CITIUS, ALTIUS, FORTIUS.
En el ensayo citado se reconoce la dimensión filosófica, ética y física como código de conducta para las competiciones deportivas.
El lema alude a un equilibrio en la formación integral de la persona, la proporción del equilibrio entre el cuerpo y el alma, aquel “mens sana in corpore sano”.
EL CUERPO Y EL ALMA
Cuenta el Cardenal que visitó la sede del COI en Lausana en el año 2016 cuando era prefecto del dicasterio romano, así como las veces que Thomas Bach lo visitó en el Vaticano.
Todo ello configura un cuadro importante de colaboración mutua en el cual figuran los encuentros con otras religiones, la presencia de la Santa Sede con un observador en los juegos y citas olímpicas.
De todo ello se deduce que los términos de los tres elementos se enriquecieron con tercer término (comuniter) y es halagüeño reconocer que, después de casi cien años, después, el proyecto del Padre Didon incluyera la dimensión de la fraternidad deportiva tan predicada por el Papa.
Es justo recordar que ya el Papa Pío XI (1922-39) había sido alpinista y hasta el lema que se le atribuye es “Duc in altum” así como Juan Pablo II (1978-2004) fue definido como “el atleta de dios” y el actual es hincha del equipo de futbol San Lorenzo de Almagro del que es socio.
El escritor francés André Maurois decía que “el verdadero espíritu deportivo participa siempre del espíritu religioso” utiliza a menudo sus ritos y sus símbolos”.
Hemos vivido esta experiencia mundial plena de emociones y hasta de polémicas que, de todas maneras, no oscurecen su finalidad.
Utilizamos para esta columna, justo es decirlo, lo que el Cardenal Ravasi había escrito en el número 3371 de la revista española “Vida nueva”.