Ayer, hoy y siempre: “La oración de los pobres sube al cielo”

El Jubileo de 2025 es una fuente privilegiada de inspiración para la Iglesia.

Así ocurre con la celebración de la VII Jornada Mundial de los pobres, iniciativa del Papa Francisco que cada año pone a la Iglesia en oración precisamente como pasa previo a la fiesta de Cristo Rey con el cual se concluye cada año litúrgico.

Sin duda que, leyendo el mensaje papal para esta Jornada mundial, podemos encontrar el sentido profundo de la misma, aún más, si nos situamos en la fecha indicada para su lanzamiento.

Se trata de vincular la conclusión del año litúrgico marcado por la fiesta del Señor como Rey del Universo con la dimensión auténtica de ese reinado, reino de verdad y justicia, reino de verdad y de paz, mas allá de todo lo que puede asociarse al esplendor del poder ya qué el mismo Jesús afirmó, nada menos que en su hora más difícil, que su reino no era de este mundo.

Todo el genio pastoral del Papa se pone de manifiesto en la institución de esta jornada como se puede deducir del hecho de que celebración se anuncie el día de San Antonio, 13 de junio, en cuyo homenaje se llevaban a cabo gestos de ayuda y sostenimiento de los pobres, lo que se llamaba, décadas atrás, el pan de San Antonio.

Lo vemos con elocuencia en la conmemoración que en el mensaje hace de Santa Teresa de Calcuta, “mujer que dio su vida por los pobres”.

LA POBREZA EN EL MUNDO

Pero también de San Benito José Labré (1748-83) recordado como “el vagabundo de Dios” cuyo cuerpo es venerado en la Iglesia de Santa María de Monté (era mi parroquia al lado del Convento Pío X donde estaba el Colegio sacerdotal del Pío latinoamericano de Roma).

El Papa denuncia aquí las consecuencias de una política de las armas que alimenta guerras y provoca nueva pobreza en todo el mundo “y cuya violencia causada por las guerras demuestra hasta qué punto la arrogancia impulsa a quienes se consideran poderosos a los ojos de los hombres mientras que a los ojos de Dios son miserables. ¡Cuántos nuevos pobres produce esta mala política armamentista, cuántas víctimas inocentes!”.

El ruido de las armas, el grito de tantos inocentes heridos y el silencio de innumerables víctimas de la guerra”.

De aquí el mensaje de paz a Dios: somos pobres en cuanto a la paz y para acogerla como un don precioso es preciso extender las manos al mismo tiempo que nos esforzamos por incorporarla en nuestra vida cotidiana.

Este mensaje, en las vísperas de Jubileo del año 2025, tiene que ver con el tema sacado del texto bíblico de Ben-Sirá: “la oración de los pobres sube a Dios”.

Dice el mensaje: “los pobres tienen todavía mucho que enseñar porque en una cultura que antepone la riqueza que muchas veces sacrifica la dignidad de las personas en aras de los bienes materiales reman contra la corriente dejando claro que lo esencial de la vida es otra cosa”.

LA VIOLENCIA DE LAS GUERRAS

En este texto del Antiguo Testamento el autor descubre que una de las realidades fundamentales de la revelación: el hecho de que los pobres tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios”.

Como padre se preocupa de aquellas que más lo necesitan: los pobres, los marginados, los que sufren, los olvidados y nadie está excluido de su corazón ya que ante El todos somos pobres y necesitados.

El silencio de Dios no significa distracción de nuestros sufrimientos, sino que contiene una Palabra que pide ser acogida con confianza abandonándonos a El y a su voluntad. La mentalidad mundana nos pide ser alguien hacernos famosos sin importar nada ni nadie rompiendo las reglas sociales para alcanzar las riquezas”.

A ello el Papa lo denomina “una triste ilusión” porque la felicidad no se puede alcanzar pisoteando la dignidad y los derechos de los demás”.

El Papa, en fin, pide a los católicos asumir la oración de los pobres y orar con ellos con un corazón humilde.

Sirvan estas desprolijas líneas a despertar en nosotros ese sentido pastoral del Papa que esta marcando con trazos tan fuertes y contundentes el camino de la Iglesia.