Ayer, hoy y siempre: “La jornada de los niños”

Hace varias décadas Tato Bores decía que había que establecer “el día del día”. Eran, por cierto, muchos los días que iban surgiendo para recordar y festejar la multitud de actividades del mundo. La Iglesia también, atenta a la vida de los pueblos, ha ido estableciendo ocasiones para tener en cuenta. Podríamos decir, con miedo a olvidar alguna, las jornadas que celebra la Iglesia ya que está encarnada en las realidades no un solo lugar o un continente.

Podríamos también recordar el legado del Concilio Vaticano II que tuvo la importante experiencia de iniciar sus deliberaciones con el análisis del tema de las comunicaciones sociales y el tema de la liturgia que mostró el deseo de llegar a todos los hombres no solo a través de lo que había sido su lengua del primer milenio de vida.

Bien sabemos el árido camino que debió afrontar la inculturación lingüística todavía sujeta a actividades cismáticas.

La encarnación no es solo un término, sino que exige todo un esfuerzo que haga visible la voluntad de Dios que no pertenece a un solo tiempo o a un único continente, sino que, por algo, se llama católica la Iglesia que ha establecido que significa universal.

EL BESO DE TODOS

El Papa Francisco en los once años de pontificado ha instaurado diversas jornadas que se agregan a las ya existentes.

Sin pretender ser exhaustivos podemos mencionar las ya existentes relativas a la vida de la Iglesia (las misiones, las vacaciones, la vida consagrada, las comunicaciones, los enfermos, la paz entre las principales).

Ha agregado la de los ancianos, la de la ecología y la reciente de los niños que lo ha mostrado a sus anchas.

No es por cierto fácil dirigirse a los niños, e este caso a 50.000 de muchos lugares del mundo con la promesa de llevar a cabo la segunda en 2026.

La idea del Papa es hablarles de un tema tan actual y tan urgente como es de la paz ya que 23.000 millones de niños sufren no solo guerras sino también pobreza, migraciones forzadas y cambios de clima.

El estado Olímpico de Roma fue el escenario de este evento y allí contó con la participación de una figura mundial como la del actor Roberto Benigni reconocido mundialmente por su recordada película “La vida es bella”.

A él remitimos para mostrar el estilo de una celebración tan significativa cuando dijo: “Santidad, quisiera abrazarlo y besarlo, no sé como demostrarle afecto, amor podría bailar un tango argentino, pero antes de entrar los guardias me dijeron que podía hacer todo lo que quisiera menos tocar al Papa siguió yendo hacia él para darle un beso a un muy divertido Papa. “Es un beso que llega de todos ustedes siguió y que vale cien mil besos. Feliz por estar en el pequeño más estado del mundo adonde está el hombre más grande del mundo”.

LOS NIÑOS NOS MIRAN

Toda una definición que nos sirve para intentar algunos trabajos de lo que fue esta primera jornada de los niños que también puede ser una expresión del valor que tiene lo pequeño y frágil frente a la locura de la miseria y de la guerra.

Había chicos de Ucrania tanto como de los estados palestinos y otros de los muchos lugares porque está destruyendo las guerras.

El Papa se sintió muy cerco de los niños, entabló con ellos un diálogo pero también cantos, bailes, juegos deportivos en una inédita maratón que entra así por la puerta grande de los hechos que jalonan el pontificado de un Bergoglio que es modelo de cómo se es tan universal y tan local a la vez y donde los chicos no se sienten absorbidos por el personaje como atisbando lo más profundo que unida en sus mentes y en sus corazones como cuando contestaba a las preguntas que solo es capaz de responder así como también de formular.

Sin duda que esta idea va a ocupar un lugar importante en el currículum del Papa como todo lo que ha suscitado en los tantos años que pudieron comprender  mejor aquellas palabras de Jesús, ese llamado a hacernos como ellos.