Roma recupera su ritmo de trabajo después del receso veraniego. Octubre está asociado a los grandes momentos de la vida de la Iglesia. Así ha sido el final de este septiembre que se presenta revestido del ropaje del año de trabajo.
Así ocurre también con el Vaticano que si bien no descansa a lo lardo de todo el año, menos lo hace cuando el otoño se adueña no solo del clima sino del ritmo de vida de la Iglesia.
Hemos tenido el 30 de septiembre la realización del noveno consistorio cardenalicio como introducción a la realización del Sínodo que, durante el mes de octubre, será el gran acontecimiento central en el dinamismo eclesial.
Tenemos que prestar atención a las palabras que el Papa Francisco dirigiera a los nuevos cardenales. En ellas encontramos el sentido de esta promoción cardenalicia y, a la vez, la inspiración inagotable de este hombre que hoy sucede al apóstol Pedro en medio de un mundo convulsionado.
Les dijo que tenían que asemejarse a una orquesta sinfónica que representa la sinfonía y la sinodalidad de la Iglesia. “Y agrego: digo también la sinodalidad no solo porque estamos en la primera vigilia de la primera asamblea del Sínodo sino también porque, precisamente, este tema me parece como la metáfora de la orquesta que puede iluminar el carácter sinodal de la Iglesia”.
“Cada uno de los músicos debe escuchar a los demás porque si uno solo se escuchase a sí mismo, por sublime que pudiera ser su sonido, no beneficiaría a la sinfonía y lo mismo sucedería si una sección de la orquesta no escuchase a las otras sino que sonara como se estuviera sola, como si fuera el todo”.
LA ESCUCHA RECIPROCA
“El director de la orquesta está al servicio de esa especie de milagro que representa cada ejecución de una sinfonía”.
Insiste el Papa “él debe escuchar más que todos los demás y, al mismo tiempo, su tarea es ayudar a cada uno y a todos la orquesta, a desarrollar al máximo la fidelidad creativa, fidelidad a toda la otra que tiene que ejecutar pero creativa, capaz de darle un alma a esa partitura, de hacerla sonar en el aquí y el ahora de una manera única”.
La expresión “fidelidad creativa” tiene una fuerza particular y nos remite a otra de los Evangelios como aquella que habla de quien saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo como a la que la liturgia del domingo en que se habla de los dos hijos llamados a trabajar por su padre en la viña y uno monótonamente le dijo que iría pero luego no fue y el otro, al revés, dijo primero que no iba a ir pero después fue.
¿Podríamos ver en esa “fidelidad creativa” un llamado a no caer en la repetición cansadora sino buscar las palabras y el estilo que pueden dar vigor a las instituciones expuestas a la repetición rutinaria.
Jesús no se conformó con lo que la gente decía de él sino que insistió hasta que Pedro le respondió afirmando su condición de hijo de Dios.
El Papa les pidió a los nuevos cardenales insistiendo en la sinodalidad y no porque estaban en la vigilia del Sínodo sino también porque la metáfora de la orquesta puede iluminar el carácter sinodal de la Iglesia ya que en una sinfonía es fundamental la escucha recíproca.
TODA PARA TODOS
Haber participado alguna vez de un Consistorio es una experiencia inolvidable.
En 1962, en las mismas vísperas del Concilio Vaticano II que era una experiencia inédita para la Iglesia dado que el anterior Concilio, debió ser interrumpido el 20 de septiembre al ser declarado Roma, capital del estado italiano, el Papa Juan XIII, insistía con el cardenalato a varios obispos entre los cuales se encontraba, nada menos que el Cardenal Suenens, arzobispo primado de Bélgica que sería uno de los hombres claves del Concilio que en octubre comenzaría y junto con él otros representativos prelados como el arzobispo de Santiago de Chile, Raúl Silva Henriquez tan relacionado con la historia de su pueblo en los años de la dictadura del país hermano y el arzobispo de Lima, Juan Landázuri Ricketts que tuvo mucho que ver con la historia del C.E.L.A.M.
Pero más, todavía aun, porque estaba el primer cardenal japonés, el arzobispo Doi de Tokio y el primer cardenal negro, el arzobispo de Dar Ert Salam, Laurean Rugambwa que me hace acordar de algo que viví en aquellos años: en la procesión de los nuevos cardenales se destacaba la figura de este negro que era alto y de buena presencia como lo experimentó una señora, que estaba detrás de mí y que, al verlo pasar, le dijo al hijo que lo acompañaba “Gerardo cuanto il nero” (“mira lo negro que es”)
Un signo también de esa universalidad de la Iglesia que se hace “toda para todos”.