Desde aquel sorprendente viaje que en 1964 llevó a cabo el Papa Pablo VI a la Tierra Santa ha habido una rica historia.
En mayor o menor medida los innumerables viajes que han realizado también los sucesores, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han sido analizados lo que bien podría denominarse una geopolítica eclesial ya que han abarcado todos los aspectos de las diversas épocas a lo largo de 60 años y en los más variados lugares.
Más aún si os internamos en los viajes que los Papas han efectuado dentro de la misma Italia.
Justamente este viaje de apenas 5 años a Venecia como el próximo que realizará a la ciudad de Romeo y Julieta casi podríamos llamar viajes introductorios al más extensa de un pontificado que tendrá lugar en la segunda mitad de este año. Viaje que, entre otras particularidades la llevará, por primera vez a Oceanía único continente que aun no lo ha contado entre sus huéspedes.
Sin hablar de los innumerables lugares que lo esperan y a los que le resulta imposible llegar.
De todas maneras, cada uno de estos viajes, breves, aunque extensos bien pueden brindarnos toda una cosmovisión que nos haya percibido los caminos tanto como los adecuados vehículos que nos permitan recorrerlos.
Esta expresión, de San Pablo nos remiten a lo que era el lema episcopal de nuestro primer obispo, monseñor Rau: verlo todo, ustedes son de Cristo, de Dios.
UNA DURA REALIDAD
El Papa Francisco se ha expresado con su característica elocuencia (“porteña” podríamos decir las características de las formas de comunicación que se dan en el mundo actual, sobre todo en el caso de esta Bienal de Arte de Venecia que desde 1895 se lleva a cabo y que ha llegada a su edición de 2024.
En la columna del 8 de abril hacíamos alusión a la presencia de la Iglesia en esta bienal de arte que es la más antigua del mundo que se lleva a cabo en una ciudad tan representativa que “es patrimonio ambiental y humano, signo de belleza para todos partiendo de los últimos, signo de fraternidad y de cuidado para la casa común”.
En el panorama desde la cárcel de mujeres de la isla de la Giudecca, en el patio de este edificio penitenciario que era un convento y pasó a convertirse en uno de los lugares más concurridos, donde importantes artistas colaboran con las detenidas instalando sus obras. Con ellos, el Papa se encontró lo cual marca un momento clave no solo de este momento sino de toda una pedagogía del encuentro que le hizo decir al papa: “la cárcel es una realidad dura y los problemas como los de la superpoblación, la escasez de estructuras y también de recursos y las violencias les ocasionan muchos sufrimientos. “Frente a todo ella se puede poner un lugar de vida nueva, renacimiento moral que ayuden a que la dignidad de las mujeres y los hombres no se aísle sino sea promovida por medio del respeto y el cuidado de las capacidades y las habilidades que pueden estar escondidas por el paso de la vida.
Pueden, sí, brotar para bien de todos y que merecen toda nuestra confianza “decía el Papa en una clase totalmente práctica de educación y que le arranca esas palabras rotundas: “nadie le saca la dignidad a una persona nadie!”.
ENCONTRAR A LAS PERSONAS
Todavía más: “por favor, no aislar la dignidad sino darles nuevas posibilidades…no olvidemos que todos tenemos errores que hacemos perdonar.
Solo podemos en esta columna registrar algunos pasajes como el que dirige a los artistas: el mundo necesita de ellos como instrumento para liberar al mundo de antinomias insensatas y ya vaciadas que intentan tomar la delantera en el racismo, en la xenofobia, la desigualdad, el desequilibrio ecológico y la aporofobia, ese terrible neologismo que significa “odio a los pobres”. Después de estas palabras está el rechazo al otro, el egoísmo que nos hace funcionar como islas solitarias en lugar de archipiélagos colaborativos… les imploró imaginen ciudades que aun no existen en los mapas, en las que ninguna pueda sentirse extraño en cualquier parte hermanos en todas partes.
En la basílica de Santa María de la Salute a los jóvenes les decía: “sin miedo, juga, apaga el televisor, abrí el Evangelio, deja el celular es muy útil para comunicarse, pero no que no te impida encontrar a las personas, usa el celular, pero encontrá a las personas.
“Venecia, una ciudad única, admiramos su belleza, pero a la vez nos preocupan los problemas que la amenazan, pero es desde siempre lugar de encuentro e intercambio cultural llamado a ser signo de belleza accesible a todos, a partir de los últimos, signo de fraternidad y de cuidado para nuestra casa común”.
Son solo algunas perlas de este precioso muestrario.