No es extraño experimentar que hay un silenciamiento mediático de la actividad del Papa Francisco que no afecta no solo a él, sino que se extiende a muchas instancias de la Iglesia y en particular de quienes en ella tienen responsabilidades.
Por ejemplo, un hecho significativo como ha sido el hecho de la decisión del Papa de otorgar a la diócesis de Santiago del Estero la dignidad de sede primada de la Iglesia en el país.
Hacemos excepción de los viajes del Papa, aunque, salva honrosas excepciones, ocupa un lugar preferencial lo que tiene carácter de escándalo y sobre todo, el tema de la pedofilia.
Es así como entre tantos ejemplos me encuentro con la carta que el 17 de Julio escribió sobre la necesidad de despertar el amor por la lectura, de obras literarias que se encuentra en los antecedentes de aquel joven jesuita que enseñaba literatura en el histórico colegio de la Inmaculada de Santa Fe adonde había invitado a un joven Jorge Luis Borges a dictar clases alusivas en los lejanos años 60.
Así es, incluso, en muchos de sus textos en los cuales no faltan alusiones, pero bien podrían ser materia de un análisis más a fondo de su personalidad de pastor.
TOCAR EL CORAZON
No es fácil abarcar la importancia de este texto, pero lo intentaremos.
Vale añadir que el texto fue publicado el 4 de agosto y esto le agrega sabor sacerdotal.
Entiende el Papa pretender despertar el amor por la lectura proponiendo un “cambio radical de ritmo” en la formación de los candidatos al sacerdocio para que la lectura tenga más espacio en la preparación de los candidatos al sacerdocio y se dé más espacio porque la lectura puede educar al corazón y la mente del pastor a “un ejercicio libre y humilde de la propia racionalidad y al reconocimiento fecundo del pluralismo de las lenguas humanas”.
También la literatura puede ampliar la sensibilidad humana y conducir a una gran apertura universal.
“La literatura también puede ampliar la sensibilidad y conducir a una apertura espiritual”. La tarea de los creyentes, en particular de los sacerdotes, es tocar el corazón del hombre contemporáneo para que se conmueva y se abra ante el anuncio del Señor Jesús” … en todo esto la contribución de la literatura y la poesía pueden ofrecer un valor incomparable”.
“A menudo en el aburrimiento, en el calor, en la soledad puede ser un oasis que nos aleja de otras opciones que no son buenas para nosotros; en momentos de ira, de desilusión o de fracaso ni siquiera en la oración somos capaces de encontrar la quietud del alma puede ayudar a atravesar momentos difíciles y tener más serenidad”.
NUEVOS ESPACIOS
La lectura nos abre a nuevos espacios interiores que nos ayudan a no dejarnos encerar en pocas ideas obsesivas que luego nos atrapan de manera inexorable.
La gente se dedicaba más a la lectura ante la omnipotencia de los medios de comunicación, las redes sociales, los teléfonos móviles y otros dispositivos” observó el Papa y destacó cómo en un producto audiovisual, aunque más completo, el margen y el tiempo para enriquecer la narración o interpretarla suelen reducirse mientras que leer un libro de lector es mucho más activo”.
Un texto literario es vivir y siempre fructífero porque sucede que al leer nos enriquecemos con lo que recibe del autor y ello le permite florecer la riqueza de su propia persona.
Insiste el Papa en la necesidad de dedicar tiempo a la lectura en los seminarios y no oculta la preocupación que le origina la obsesión por las pantallas y por las fake news venenosas, superficiales y violentas y se dedique tiempo a la literatura, a la lectura, a hablar de libros, viejos y nuevos, que continúan diciéndonos muchas cosas.
En general el camino formativo no tiene espacio adecuado para la literatura considerada expresión menor de la cultura, aparentemente no en el camino de preparación y por lo tanto ajeno a la experiencia pastoral concreta de los futuros sacerdotes.
Recordaba el Papa aquellos años de docencia en el colegio jesuita de Santa Fé, años 1964 y 1965, cuando él les recomendaba a los alumnos a leer al Cid mientras ellos le pedían que leyera a García Lorca.
Ellos nos piden que sigamos otro día con el tema.