Es indudable que la elección al papado de quien era arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Bergoglio ha sido una de las noticias más destacadas de los últimos tiempos.
Lo decía el mismo aquel inesperado 13 de marzo de 2013 cuando dijo en su primer saludo a la ciudad y al mundo en la plaza de San Pedro que lo habían elegido los cardenales sacándolo del fin del mundo.
Pero no solo geográficamente sino también desde el punto de vista lingüístico ya que siempre lo escuchamos hablar en las más variadas ocasiones con los modismos y las expresiones propias de un porteño.
Sería bueno ir enumerando ocasiones en las cuales se ha hecha patente esa “oportunidad” que hasta ha merecido ser reconocido y explicada en muchas ocasiones.
Por citar algunas recordemos aquel “hacer lío” que recomendó a los jóvenes en Río de Janeiro en aquella jornada de la Juventud de poco menos posteriores a su elección y no podemos pasar por alto la que ocurrió cuando en Nueva York en la sede de la ONU ante los representantes de todas las naciones hizo mención de un texto del Martín Fierro que habla de la hermandad.
Nada menos que en esa sede donde se tratan y se discuten los problemas que afectan a todo el mundo esa introducción de un texto tan emblemático sería suficiente para condecorar al obispo de Roma como embajador de buena voluntad mundial.
DISCIPULOS CAMINANTES
Hurgando en la información sobre la actividad del Papa no dejamos de asombrarnos no solo por la incesante actividad que no tiene tregua del papa sino, sobre todo, por la originalidad de sus palabras y por lo que podríamos llamar su genio.
Cuesta relacionar algún texto y sabemos también que se hacen y hasta se da lo que podríamos llamar el “idioma” Bergoglio, papa porteño, pero a nivel universal que a nuestro modo de hablar lo ha universalizado.
Recuerdo que nuestro Cardenal Mejía en los primeros tramos de este pontificado había comenzado este trabajo que su partido interrumpió.
Encontramos, entre innumerables ejemplos, algo que dijo el 10 de febrero a un encuentro sobre la formación permanente de los sacerdotes celebrado en Roma, por los dicasterios para el Clero, la Congregación de las Iglesias orientales.
En el mismo además de las exposiciones de expertos de distintos lugares (España, Córcega, nuestro arzobispo de Córdoba cardenal Rossi, el cardenal Ravasi emérito de Cultura, los responsables del dicasterio para el clero, el coreano You Heung Sik, el jesuita alemán Zollner y el brasileño de Rio de Janeiro Joel Portella).
Recordó Francisco que sólo acogiendo y custodiando la alegría del Evangelio se la puede transmitir a los demás: “somos discípulos caminantes y ello es lo más hermoso que se nos ha dado por gracia”.
NO ARISTOCRALAS NEUROTICOS
“Cuando hemos encontrado sacerdotes que no tienen capacidad de servicio, tal vez egoístas, que han tomado un poco el camino empresarial, han perdido la capacidad de sentirse discípulos y se sienten dueños”.
El sacerdote no nace por generación espontáneo: o es del pueblo de dios o es un aristócrata que se vuelve neurítico” … lo contrario es el sacerdote, mundano cuando la mundanidad entra en su corazón, todo se arruina”.
Aludiendo a las celebraciones les decía a los participantes que las comunidades pueden redescubrir y profundizar el sentido de la celebración en el hoy y en el misterio de la salvación”.
Escuchar esas palabras sobre los sacerdotes “aristócratas neuróticos” bien puede considerarse antológica y movernos a ir recogiendo los tesoros literarios que adornan la profundidad de las afirmaciones teológicas y que, además hacen que el discurso no sea reiterativo y curador.
Muchas veces solemos dirigirnos a los fieles en la predicación a lo que una profesora de literatura calificaba de carente de sublimidad lo que no es sinónimo de oscuridad o de culto a lo abstracto sino a lo que decía Juan Pablo II debía ser la predicación: creíble incisiva y fascinante.