“Bergoglio si, Francisco, no”. Así me dijo una persona amiga, muy alucinada con la vida de la Iglesia.
Fue en los primeros años del pontificado que el 13 de marzo de 2013 nos dio a un nuevo obispo de Roma, hecho nos por cierto de relativa importancia histórica.
Esta afirmación venía como síntesis de al parecer dos talentos pastorales y relacionada con la aparente diferencia que se había creado sobre todo basada en la situación de la relación con el arzobispo de Buenos Aires y el gobierno que en ese tiempo era el que regía los destinos del país.
No había salido entonces el libro que el referente de la Comunidad de San Egidio había publicado la Universidad Católica de Salta.
Escribí en cuanto se publicó el libro en esta misma columna que veo encontraba la forma de que ese libro fuera más conocido entre nosotros.
Marco Gallo mostró en ese libro la continuidad del pensamiento de Jorge Bergoglio a lo largo de toda su trayectoria con lo cual desvirtuaba la crítica que algunos sectores hacían como lo siguen haciendo sobre su pensamiento en lo referente a lo político y lo social.
Sin duda que la figura de Andrea Riccardi está presente en este libro y es de destacar que se trata de un historiador muy cercano a la figura de Juan Pablo II a quien asesoró en lo que hizo a la celebración del jubileo del año 2.000 sobre todo en el tema del martirio y en relación con su trayectoria de iniciada en los años 60 como iniciador de la Comunidad de San Egidio.
UNA INFORMACION SESGADA
Todo ello nos da pie para reflexionar sobre muchos de los problemas relacionados con esa a primera vista con la relación del Papa Francisco con la realidad social y política de su patria sin pasar por alto los altibajos de su hasta ahora la ausencia de un viaje a su tierra natal que se ha anunciado o imaginado en tantas oportunidades casi siempre en relación a los problemas políticos que se han ido produciendo en Argentina.
Esa expresión con la que comenzaba esta reflexión parece ser una sintética expresión que refleja por un lado una postura claramente parcial pero también una sesgada información sobre los documentos y los gestos que han ido jalonando un pontificado tan multiforme y elocuente además de producirse un tiempo tan problemático como los que se están sucediendo.
Leyendo las expresiones de Jorge Bergoglio desde los tiempos de sacerdote jesuita lo cual implica un período de 30 años a los que se suman de su episcopado y cardenal de Buenos Aires que son otros 20 encontramos una que podríamos llamar evolución homogénea, una continuidad en lo esencial y una adaptación a los tiempos en sintonía con aquella expresión de San Agustín “en lo necesario, la unidad, en los dudosos la libertad, pero en todo, la caridad”.
Más aun cuando se trata de lo que podemos llamar el pensamiento social que va pasando por las experiencias, los cambios y las adaptaciones exigidas por el paso de los tiempos”.
Y más todavía cuando somos herederos del Concilio que al respecto había puesto el acento en aquella expresión” a nadie se lo obliga, pero tampoco a nadie se le impida” en lo que hace a la doctrina y a la práctica de la fe.
DESDE EL EVANGELIO
Todo esto nos muestra una situación sumamente compleja.
Vemos con respecto a lo que podríamos llamar la política de Bergoglio lo difícil que se hace todo lo que él vive y predica y no solo lo referente a la situación argentina sino también en un contexto de guerras que se multiplican y se intensifican.
Las alternativas políticas de Argentina no son por cierto ajenas a la figura ni al pensamiento de un personaje que no puede renunciar a su pertenencia a un país sacudido por intensas divergencias y adonde no se perciben signos de comunión en las diferencias y donde la Iglesia está llevando a cabo un difícil trabajo de receptor de las diferencias políticas que muchas veces bordean el enfrentamiento y los llamados a la comunicación respetuosa no resultan elocuentes sino integrantes de una retórica a decir verdad rutinaria y monocorde.
La tarea muy difícil de determinar que la Iglesia no parte de los postulados políticos de una u otra procedencia sino del Evangelio que en mayor o menor medida pueden contener semejanzas.
Ellas están integradas en la definición con la cual comenzar la columna.
Ojalá el desarrollo de la historia nos haga propicio describir a un Bergoglio que eligió llamarse Francisco y también ojalá que un Francisco que no cultiva el silencio de los profetas instrumente para conocer a Bergoglio.