Ayer, hoy y siempre: “Antula, testimonio evangelizador”

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Dos días después de la Jornada electoral que vivimos los argentinos el 22 de octubre recibimos la gratificante noticia de la canonización, a llevarse a cabo en 2024, de la beata María Antonia de la Paz y Figueroa a quien se conoce como Mamá Antula.

Beatificada en 2016 en Santiago del Estero su canonización se llevará a cabo en Roma el año próximo aunque no se descarta que pueda ser durante el viaje del Papa Francisco al país que se anuncia desde distintos sectores, si bien lo usual es que esas ceremonias se lleven a cabo en Roma.

De todos modos se trata de una figura relacionada con el nacimiento de la nueva nación si nos detenemos en su trabajo evangelizador llevado a cabo en la última parte del siglo XVIII ya que murió el 7 de marzo de 1799.

Trabajo que quedó como representado en la Casa de Ejercicios Espirituales que se construyó en la Avenida Independencia de Buenos Aires que es un edificio de enorme valor histórico.

Ella había establecido casas de ejercicios espirituales en algunos de los lugares por donde anduvo como “celeste mendiga” de acuerdo a la que de ella decían: Jujuy, Salta, Tucumán y Córdoba.

Singular personaje es de esta mujer si nos ubicamos en el momento histórico de su vida ya que tomó en sus manos y sobre todo en sus pies, expulsión de los sacerdotes jesuitas del siglo XIX que ocurrió en 1767 por disposición del rey Carlos III de España y el Papa Clemente XIV.

UNA MUJER VISIONARIA

Ella, que era muy joven entonces, tomó en sus manos el trabajo de los Ejercicios Espirituales y de su debilidad sacó fuerza para que la obra continuara y se perpetuará y diera abundante fruto.

No es fácil imaginar lo que era una mujer en esos tiempos queriendo curar la ausencia de los jesuitas.

Lo expresa el obispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic Iglic: “esa mujer que se llenó de la Palabra de Dios y apasionada, salió a predicar a todos sin distinción alguna, ése es el hermoso ejemplo de una tarea pastoral en medio de una sociedad en discriminación y separación, un hermoso testimonio evangelizador”.

Precisamente el 28 de setiembre la Universidad Nacional de Santiago del Estero confirió el título de Doctora Honoris Causa a Mama Antula lo cual hace visible otra faceta de su personalidad, la de ser merecedora de ser llamada la primera escritora del Río de la Plata.

Debido este reconocimiento al hallazgo, en el Archivo del Estado de Roma, de un trabajo compuesto por 300 cartas manuscritas que se refieren a momentos de la vida del siglo XVIII en un estilo coloquial en el que se puede ver a una mujer, la única que según los expertos, desde estas tierras alcanzara una difusión tan grande. Vale decir que ese material ha sido traducido a las lenguas modernas más difundidas como el francés, el inglés, el italiano, el alemán y el mismo latín lo que hace universal su difusión.

De estos hablan las escrituras Nunzia Locatelli y Cintia Suárez quienes destacan que se trata de una mujer que demuestra una perspectiva clara y visionaria en un medio habituado a la discriminación y constituye un hermoso testimonio evangelizador.

PARA NUESTROS TIEMPOS

Llega como una ráfaga de aire, muy necesaria en medio del nerviosismo propio del tiempo de elecciones, agravado, en nuestros días, por la compleja trama de la política y, aunque no tenga la difusión merecida, nos ayuda a una reflexión, a celebrar como merece este tiempo de preparación que culminará con la canonización de esta argentina que viene a ser la primera santa del país.

En principio, pensar que los santos no son seres extraordinarios sino hombres y mujeres que hicieron visible la santidad bautismal ya que somos los que invocamos en el Credo nuestra creencia en la comunión de los santos.

El Concilio Vaticano nos hizo recordar que la santidad no es una vocación para selectos, sino que es la expresión de nuestro bautismo en la realidad de los tiempos.

Los Santos han sido hombres y mujeres de su tiempo y han iluminado también a los tiempos, cuántas veces como cooperadores, con su vida y sus obras, en la tarea de que hablaba Juan Pablo II “todos los caminos de la Iglesia confluyen en el hombre”.

Pensando en el mensaje de Mamá Antula podemos ver que muchos de los problemas que nos afectan como pueblo: la evangelización en manos de laicos que como en su caso suplen la ausencia o la carencia de sacerdotes, no son miembros suplentes de la Iglesia sino miembros vivos, el problema de la mujer que tantos enfrentamientos estériles ocasiona por postergaciones históricas pero también por desconocimiento de ejemplos de promoción.

Otras figuras como la del Cura Brochero y la de Fray Mamerto Esquiú nos ayudan a vivir esta canonización con los ojos y el corazón mirando nuestra realidad.