Ayer, hoy y siempre: “A caminar con nosotros”

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Al hacerse pública la elección de Monseñor Gustavo Larrazábal, como obispo de Mar del Plata, pudimos conocer también detalles de su vida.

Había nacido en Mendoza y había ingresado en la Congregación de los Misiones del Inmaculado Corazón de María surgida de la inquietud pastoral de San Antonio María. Por ello llamamos claretianos a sus sacerdotes y no podemos pasar por alto que su fundador trabajó en nuestro continente en el siglo XIX como arzobispo de Santiago de Cuba. En 1996 fue ordenado sacerdote y en 2022 accedió el episcopado como auxiliar de la arquidiócesis de San Juan.

Del mensaje que dirigió a la comunidad marplatense al hacerse público su traslado podemos deducir sus sentimientos y adentrarnos en las características de su talante pastoral para comenzar a caminar teniéndolo a él como padre y pastor.

Allí encontramos ecos de su calidez pastoral y de la cercanía que comienza a hacerse visible entre el pastor y las ovejas.

Habla en el mensaje del desafío inmenso que para él significa esta elección pero a la vez gozo del corazón que acompaña a este comenzar a caminar con nosotros para hacer visible el rostro marplatense de la Iglesia: “Desafío y gozo” que sin duda podemos deducir de su lema episcopal que es una invitación exigente a “adorar, caminar y acompañar-2.

IDENTIDAD Y DIALOGO

La coincidencia con la beatificación del cardenal Eduardo Pironio, “sinónimo de hacer Iglesia y modo que tenemos de construir el reino en medio nuestro”, nos remitía a unas palabras programáticas del nuevo beato pronunciadas con motivo del centenario de la ciudad, el 10 de febrero de 1972. Allí, esa voz profética nos decía y nos vuelve a decir; “Mar del Plata debe ser como el mar, profunda, fuerte, sin horizontes, profunda en la meditación, fuerte en la esperanza, sin límites, abierta a todo el mundo”.

¡Que hermosa es esta coincidencia de fechas ya que pocos días después de la llegada de Monseñor Larrazábal, la ciudad cumplirá 150 años!

Además aquellas palabras del entonces obispo tienen el valor de una definición sobre la diócesis y sobre cómo debe ser nuestro trabajo en todos sus caminos y en todos sus emprendimientos.

En la complejidad y el estilo de vida de los tiempos un obispo en diálogo con las realidades pero a la vez en sólida unión con las raíces así como lo hace la Iglesia en estos tiempos de sinodalidad y así como lo ha hecho en Mar del Plata que sube tanto de dónde procede al mismo tiempos que tienen la capacidad de dialogar con las nuevas y apasionantes sin perder la identidad sino enriqueciéndola como podemos comprobarlo cuando pasamos por las sierras que llamamos de los Padres no por casualidad.

CON NUESTRO OBISPO GUSTAVO

Sucesor en la Iglesia de Mar del Plata al hombre de mar que fue el hoy arzobispo de La Plata, llega ahora este hombre de la cordillera.

Cada uno con su estilo, cada uno con sus carismas pero todos como sucesores de los apóstoles en la hondura de los lugares y los tiempos y vienen a la mente palabras del beato Papa Juan Pablo I que decía a la diócesis de Roma: “puedo asegurarles que los amo, que solo deseo servirlos y poner a disposición de todos mis pobres fuerzas, todo lo que tengo y soy”.

Ser nuestro obispo ha sido, sin duda, un ejercicio de obediencia más allá de las reservas y los miedos que lo pueden haber inclinado a una respuesta negativa como dice un obispo elegido hace poco: se trata sobre todo de una nueva llamado del Señor a través de la Iglesia que sigue cantando conmigo la misma tentación de salir corriendo, como Jesús, que cuando fue ordenado diácono y sacerdote.

Podemos decirle esperanzados a monseñor Larrazábal que para nosotros cada día renovaremos la oración por nuestro Papa Francisco y nuestro obispo Gustavo que ha consagrado la vida emprendiendo un nuevo camino como testigo en el anuncio del Evangelio para adorar, caminar y acompañar.