Ayer, Hoy y Siempre: «El gozo de los comienzos»

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

Los últimos días de agosto en Roma marcan el final del tiempo estival.
Esto se da en el plano educativo porque septiembre es el mes de los preparativos para el comienzo del ciclo lectivo y en Roma el otoño es el tiempo de los grandes encuentros y asambleas.
Así ocurre también con la Iglesia aunque en ella no hay grandes treguas, más si nos detenemos en una figura tan dinámica y activa como la del Papa Francisco.
Los últimos días de agosto fueron plenos de acontecimientos y nos han mostrado no solo a un papa activo sino también a una Iglesia ubicándose en las distintas áreas del quehacer cambiante de los hombres en medio de las miserias y las grandezas del mundo.
El Consistorio cardenalicia del 27 de agosto trajo esa escarlata ola que provoca la admiración y el asombro por su significación pero también por el primor de su puesta en escena en un momento de profundo goce estético.
Allí 197 cardenales de todos los continentes convocados a Roma que iban a deliberar el lunes y el martes con el objetivo de estudiar la aplicación del documento “Praedicate evagelium” se reunieron y no solo los que, con menos de 80 años, serían participes de un Conclave sino todos los que, no obstante, las dificultades propias de los años, pudieron llegar a Roma a tal efecto.
Pero el Papa utilizó el domingo para visitar tal como lo había anunciado un lugar emblemático, L’Aquila, capital de los Abruzos que en 2009 había sido asolada por un terremoto.

La libertad interior

Pero allí también pero en 1294 al Papa Celestino V había renunciado al papado. Esto dio lugar a que se creara en la opinión pública la idea de que también Francisco eligiera ese camino.
No obstante lo cual no hubo ningún indicio de algo semejante. El papa dijo “demasiadas veces una piensa que vale sobre la base del lugar que ocupa en el mundo. El hombre es la libertad de lo que es capaz y que manifiesta plenamente cuando le es reservado un lugar en la cruz”… “allí donde no hay libertad interior avanzan el egoísmo, el individualismo, el interés, el atropello y todas estas miserias”.
El 29 y 30 fue la reunión de los 197 cardenales que tuvo el fin de analizar y debatir la reciente reforma de la Curia. Además una ocasión para que los cardenales, venidos de diversas partes del mundo, se conocieron más a fondo. Destacando la renuncia de Celestino V. el Papa reivindicó su figura diciendo: “de hecho no existen otro modo de realizar la voluntad de Dios sino asumiendo la fuerza de los humildes justamente porque son los humildes los que aparecen ante los ojos de los hombres como débiles y perdedores pero en realidad son los verdaderos vencedores porque son los únicos que confían complemente en el Señor y conocen su voluntad”.

Unidad y diversidad

Desde 2014 que no se repetía un encuentro semejante de los miembros del Colegio cardenalicio.
Sin duda que se trata de un acontecimiento de profunda resonancia si tenemos en cuenta que los cardenales, electos del Papa, tienen una tarea de alcances universales.
Pensemos en la duración de los pontificados de los últimos decenios (Pío XII fue Papa desde 1939 hasta 1958, Juan XXIII apenas menos de 5 años, Pablo VI desde 1963 a 1978, Juan Pablo, después del pontificado brevísimo de Juan Pablo I, fue uno de los más prolongados de la historia ya que habiendo sido elegido en 1978 llegó hasta 2005 y Benedicto XVI lo que durante 8 años hasta su inesperada renuncia y podremos deducir si tenemos en cuenta lo sucedido en los respectivos años la Iglesia no ha sido de ninguna manera indiferente a las realidades. Al respecto recuerdo cuando en 1958 partieron para Roma, a la muerte de Pío XII, los dos cardenales argentinos que participarían del Conclave y uno de los diarios más importantes informaban que los dos habían ido a saludar al presidente Frondizi quien, según esa información, les había dado, no sé si “instrucciones”, pero sí sugerencias, según el tenor de la fuente.
El Papa Francisco ha estado durante dos días reunidos por los miembros del Colegio Cardenalicio. Algunos cardenales, más acostumbrados a las exigencias y a los paso de un conclave (de uno se decía, en 1963, que había respondido a los periodistas minimizando su participación: “es el tercer conclave de mi vida”…) otros vistiendo por primera vez sus atuendos recién estrenados. Hablaron, discutieron, discreparon. Se habla de una unidad en las diferencias y en los discursos del Papa aparece su genio y su impronta sin omitir una cálida referencia a la eclesialidad de Pablo VI.
De todo lo dicho tendremos, en medio del aluvión de documentos y acontecimientos que jalonan la agenda pontificia, ocasión de ocuparnos.
Pero, ¡qué hermoso es el llamado que Francisco les hizo a volver al gozo de los primeros tiempos más allá de todas las experiencias, algunas traumáticas por los cuales cada uno ha pasado!. Hacernos nuestro ese propósito es todo un compromiso y un exigente incentivo.