Ayer, Hoy y Siempre

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

El Padre Jorge Mario

El franciscano José Luis Guirado es un sacerdote que vive su experiencia de eremita en Tafí del Valle y compartió Navidad con el Papa Francisco.
Gracias a la revista Vida Nueva nos enteramos lo que él dice del Papa Padre Jorge Mario como le gusta que lo llamen al obispo de Roma.
“Lo siento como un padre, un hermano, un pastor, un amigo de esos con los que compartimos cosas íntimas.
He encontrado en él a un ser capaz de ocuparse de cada persona. Alguien con su misión y su carisma universales que no deja de sorprender por su forma de ocuparse de cada uno como si fuera la única persona del mundo. El es inspiración para la Iglesia, una Iglesia descentrada de sí; que aprende y no solo enseña; que hermana y no bajo tintes señaladores o autoritarios; que muestra a Jesús; que va al encuentro de todas las personas y tradiciones; universal. La mejor imagen del catolicismo no atado a reglas sino a la mirada universal de Jesús que lo abraza todo. Ese es Francisco un testigo, un seguidor de Jesús, un discípulo suyo, apasionado por el Evangelio”.
Difícil expresar lo que sentimos aquella tarde del 13 de marzo de hace 10 años. Imaginábamos un conclave largo porque la renuncia de Benedicto XVI había provocado en la Iglesia una sensación inédita y se hablaba de diversos candidatos en ese muestrario que, sobre todo, los medios de comunicación habían considerado como papables.
Visamos la mayoría de las veces basadas en las opiniones y porque no decirlo también en los intereses y especulaciones de quienes ven a la Iglesia desde la visual puramente material de la historia.

Un Padre Santo

De ella no renegamos pero es preciso que el ingrediente Espíritu Santo ocupe el lugar preferencial.
La sorpresa fue mayúscula y hasta la rapidez que insinuó la elección también tal vez porque estamos acostumbrados a las interminables e infructuosas liberaciones que se dan en los ámbitos legislativos de los países y las organizaciones.
Habíamos imaginado un cónclave largo ya que la renuncia de Benedicto XVI originó una situación que no se repetía desde muchos siglos y, además, en un mundo totalmente distinto.
No era indiferente tampoco el tema de la edad de los candidatos porque si descontamos el caso de Juan Pablo II no se había dado en muchas décadas un pontificado tan prolongado además de un Papa tan joven elegido a los 58 años y gobernando casi 27 años.
Podríamos tener en cuenta lo que ocurrió en uno de los cónclaves del siglo pasado cuando, al llegar a Roma un cardenal alemán, ataviado por los periodistas que le preguntaban por un candidato joven, respondió: “tenemos que elegir a un Padre santo, no a un Padre eterno”.
Así Pío XII fue elegido a los 62 años y estuvo en el trono de Pedro durante 19 años; Pablo VI a los 66 y durante 15 años; Benedicto XVI a los 78 y un funciones 8 años.
El más breve fue el pontificado de Juan XXIII elegido a los 77 años y Papa durante menos de 5 años.
Vendría Francisco con 76 años elegido habiendo ya presentado su renuncia al arzobispo de Buenos Aires cuando fue elegido.

Del fin del mundo

Elección está profundamente original. Después de 500 años de un Papa no italiano un Papa del segundo mundo como entonces se decía. Parecía que los pontífices no volverían a ser italianos: el sucesor del polaco era un alemán.
Tampoco iba a ser europeo el elegido y el Padre Jorge Mario mostró la hilacha como le gusta a él utilizar expresiones porteñas: se presentó como el obispo de Roma diciendo que los cardenales habían puesto sus ojos en el fin del mundo. También se hizo bendecir porque era la cabeza del pueblo santo de Dios.
Acaba un nuevo modo de comunicación dándole prioridad a su episcopado romano tanto que ha llegado a decir que en caso de renunciar su haría llamar “obispo emérito de Roma”.
No dejó de llamar la atención todo esto sobre todo por parte de los que profesan un estilo pontifical muy solemne y distante.
Todo esto se iba a ir viendo y aun así siempre nos brinda ocasiones en las que demuestra una veta personal completamente original. También con dolores e incomprensiones, pensando en primer lugar en los provenientes de su propia tierra.
Un fin del mundo no solo geográfico y capaz de mostrar el rostro de una Iglesia que transciende los esquemas y que siempre está disponible a navegar hasta la otra orilla.