Ayer, Hoy y Siempre

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Todo pertenece al amor

Coincidiendo con el cuarto centenario de la muerte de San Francisco de Sales, el 28 de diciembre, en los últimos tramos del año 2022 monopolizamos por la inesperada muerte del Papa Benedicto XV, se publicó la Carta Apostólica “Totum amoris est”.
Por un lado esa noticia y por otra la inminencia del fin de año contribuyeron a que este hermoso documento del Papa Francisco pasara casi desapercibido.
Ello, por otro lado, es común frente a estos textos que pasan así sin que se pueda enriquecer el acecho del pueblo cristiano bombardeado por tantas noticias y tantos acontecimientos propios de una cultura, a primera vista secularizada y ajena a la vida de la Iglesia como podemos comprobarlo a diario.
De todos modos los modelos que la Iglesia propone a lo largo de los siglos tienen también una vigencia actual como se da en este caso.
Aunque pueda parecer apologético es justo afirmar que los santos a través de los siglos siguen siendo modelo por haber asumido los riesgos de la historia y haberlos iluminado con el Evangelio.
“Todo permanece al amor” es una expresión del santo en cuestión que expresa una espiritualidad que, en medio de un tiempo, los siglos XVI y XVII marcados con los enfrentamientos y divisiones.
De esta expresión es pleno el documento y va mostrando las características de una espiritualidad que indicaba que “todo por amor y nada a la fuerza” debía ser el leitmotiv de la vida de los hombres y las comunidades.

Dios del corazón

“La experiencia de Dios es una evidencia del corazón humano y no es una construcción mental sino más bien un conocimiento lleno de asombro y gratitud que resulta de la manifestación de Dios”.
Durante veinte años había sido obispo de Ginebra su muerte se produjo cuando tenía cincuenta años y dice el Papa “había consumado sus últimos días llevando delante el ministerio de pastor en una sucesión de compromisos, confesiones, coloquios, conferencias, predicaciones y las infaltables cartas de amistad espiritual”.
De esa vida siempre se ha destacado su nacimiento en el Castillo de Sales y “recogió en sí lo mejor de las enseñanzas y las conquistas culturales del siglo XVI que terminaba reconciliando la herencia del humanismo con la tendencia hacia lo absoluto propia de las corrientes místicas”.
En París después de una ardiente oración frente a la Virgen Negra: “Señor, tú que tienes todo en tus manos y cuyos caminos son justicia y verdad, cualquier cosa que suceda yo te amaré aquí y siempre estaré en tu misericordia y siempre cantaré tus alabanzas, tú siempre serás mi esperanza y mi salvación en la tierra de los vivientes”.
“La evidencia de Dios es una evidencia del corazón humano” viene a ser como la síntesis de su pensamiento, no una construcción mental sino más bien un reconocimiento lleno de asombro y gratitud que resulta de la manifestación de Dios”.
En la Carta el Papa va recorriendo las distintas etapas de su vida y nos lo va presentando su tarea en una diócesis y en un tiempo heridos por la división y las guerras de religión.
Herencia para todo el pueblo cristiano.

Todo para, en, por y el amor

Así se destaca su actitud de bondad y amor siendo la dulzura el elemento primordial en medio de la lucha ideológica y política imposible olvidar de que “se cazan más moscas con una cucharada de miel que con un barril de vinagre” así como su disponibilidad en la corte para acompañar a los servidores: se cuenta siempre que ayudaba a escribir cartas de amor a los trabajadores de la corte que no sabían cómo agradecerle.
En el diálogo ecuménico ha sido también un precursor y el documento lo destaca: “en él, hábil e infatigable controversista se estaba transformando por la gracia en un faro, un intérprete del tiempo y extraordinario director de almas. Su acción pastoral, las grandes obras (“Introducción a la vida devota”, “Tratado del amor a Dios”) la infinidad de cartas de amistad espiritual enviadas dentro y fuera de los muros de los conventos, a hombres y mujeres de la corte y de la gente común, el encuentro con Juana Francisca Frémyot de Chantal y la fundación en 1610 de la Visitación resultarían incomprensibles sin un cambio interior. Evangelio y Cultura encontraban así una fecunda síntesis de la que derivaba la intuición de un método auténtico, madura y listo para una cosecha duradera y prometedora”.
Bastan estos apuntes que nos llevan a una lectura del documento sin olvidar que San Francisco de Sales, tan querido y seguido por Don Bosco, es el patrono de las comunicaciones sociales.