Ayer, Hoy y Siempre

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

La valentía de renunciar

Aquella mañana del 11 de febrero de 2013 una noticia nos conmocionó, el Papa Benedicto XV, había hecho pública su renuncia al pontificado.
Lo que creíamos primero que se trataba de una versión de los medios supimos que era una novedad, después de muchos siglos un Papa renunciaba y, además, en un mundo saturado por la comunicación, tan distinta de los otros casos contados de la renuncia de un pontificio romano. De allí que se podría hablar de un hecho inédito en la historia bimilenaria de la Iglesia.
Después de una intensa vida consagrada a la Iglesia que fue a la par de su vocación a la investigación y al estudio de la teología, era un sacerdote de 35 años cuando la experiencia del Concilio Vaticano lo puso en contacto con ese acontecimiento de enormes alcances.
Era entonces, perito conciliar de una figura egregia, la del cardenal Frings, arzobispo de Múnich y allí se destacó con alto alcance entre los que, al lado de los obispos de todo el mundo, buscaban ese “aggiornamento” de la iglesia que estaba en la mente y en el corazón de Juan XXIII.
Su vocación docente no lo abandonó nunca y después del Concilio y durante diez años siguió profundizando las riquezas inmensas del gran acontecimiento, entre las cuales la aparición de la revista “Concilium“ que, junto a otros de los más reconocidos teólogos fue el medio por excelencia hasta que en 1968 los acontecimientos alrededor del Mayo francés fueron como el límite de una etapa de su pensamiento.
A la muerte del Cardenal Dopfner en 1977 fue promovido al Arzobispo de Múnich y a la vez Pablo VI lo eligió como cardenal. Allí estuvo un tiempo relativamente breve hasta que Juan Pablo II lo llamó a prefecto de la Doctrina de la fe.

Sucesor de Wojtyla

Allí permaneció hasta su elección a causa del fallecimiento de Juan Pablo II. En ese largo espacio fue perfilando su ministerio en el que se dan armoniosamente, una fidelidad a toda prueba con una constante cercanía con el pensamiento filosófico y teológico de lo cual podríamos citar a modo de ejemplo su relación con sus más destacados exponentes.
Se dio en ese lapso una relación muy estrecha con el Papa polaco de la cual habla Peter Sewald, uno de los historiadores que más han entrado en la catalogación de una figura de alcances universales como la de Josep Ratzinger.
En el conclave de 2005 el cardenal Ratzinger era también el decano del Colegio de cardenales a pesar de que ya hacía varios años que había presentado su renuncia, y manifestaba que le hubiera encantado ser enviado a presidir la biblioteca vaticana en la cual, nuestro cardenal Mejía se encontraba a sus anchas fue elegido sucesor de Pedro en los mismos días en lo que llegaba a los 78 años de edad.
Era según la opinión de conocidos expertos, la consecuencia lógica de un pontificado largo y denso como el de Juan Pablo II.
Ocho años ocupó la cátedra de Pedro y en ellos tres encíclicas y numerosas exhortaciones pastorales fueron conviviendo con numerosos viajes que siguieron la lista de papas dispuestos a llegar y manifestar ser cercanía a todos los hombres y a todos los continentes.

La elocuencia del silencio

Una visión reduccionista de la personalidad y de la pastoral de los hombres de Iglesia nos ha hecho ubicar a Benedicto XVI como reconocido exponente de una visión conservadora. Motiva esto un desconocimiento del bagaje poderoso de un pontificado, avalada por el estilo de quien había sido un eximio profesor.
Ejemplos hay y solo tendremos hoy urgidos por la noticia de su fallecimiento el recuerdo de una intervención suya sobre uno de los temas que afrontó en sus años de pontificado. Llegar a decir “los agnósticos, los que sufren por los pecados, los que usan un corazón limpio están más cerca del reino de Dios que los fieles rutinarios que solo encuentran en la Iglesia un sistema mientras su corazón no ha sido tocado por la fe” no es poca cosa así como la polémica con su discurso en Ratisbona que fue tomado como agraviante para los musulmanes.
La imagen de un Ratzinger que durante casi 10 años eligió el camino del silencio para continuar sirviendo a su amada Iglesia y se expuso a la batalla cultural que algunos quisieron aprovechar para crear el antagonismo. Benedicto – Francisco es, paradójicamente, la que nos habla con más elocuencia que toda su enorme trayectoria como profesor, como obispo, como cardenal y como sucesor de Pedro.
Ello no es obstáculo para que se siga estudiando su pensamiento como está sucediendo con la publicación de sus innumerables escritos previos a su elección como los que jalonan su pontificado todo lo que nos enseña en ese largo camino que culmina ahora con el encuentro luminoso con ese Señor al cual sirvió y a quien enseño a la humanidad a conocerlo y servirlo.