Ayer, Hoy y Siempre

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Giorgio para todos

Antes de las vacaciones, sobre todo las de invierno, el rector del seminario San José de La Plata nos recomendaba que aprovecháramos el tiempo para pasarlo en familia. Decía que era un importante “aterrizaje” porque nos ayudaba a conocer la realidad de la vida familiar con sus distintos integrantes.
En los años 50 una novela titulada “El Cardenal” de Morton Robinson nos hablaba de un sacerdote en las distintas etapas de su vida y hacía hincapié, con bastante agudeza, en lo que le pasaba a una hermana que había elegido separarse de su esposo. El no lograba, de acuerdo con su formación, entenderla pero el proceso interior lo llevaba a comprenderla.
Y cuando llego la ordenación sacerdotal, mis parientes y amigos me preguntaban: ¿Cómo tenemos que llamarte ahora? Además en Punta Alta había vivido mi abuela a quien apenas recuerdo porque falleció siendo yo muy chico pero su figura era muy reconocida. Había venido de España y tenía un gran sentido social movido, sin duda, por las convicciones que motivaron su salida de España en años en los que la cuestión social mostraba las luchas y los desencuentros de la clase trabajadora.
Debo reconocer que muchos de los conocidos de mi abuela me recibían con mucho afecto y aun, la mayoría de ellos, no participaban de la vida parroquial, me trataban como a uno de ellos: era el nieto de Rogelio y ello me habilitaba a entrar en el ámbito de la familia.
Todo ello se ha ido sucediendo y ha contribuido a elaborar una cercanía con la gente. Recuerdo mucho que un domingo en la sacristía de la parroquia María Auxiliadora, un chico, Carlos Richter, me fue a ver después de la misa y me tuteó, ello hizo que el párroco lo reprendiera diciéndole que me tratara como correspondía a un sacerdote, no como en aquellos años en los cuales los jóvenes estaban adquiriendo un protagonismo, el que mucho había contribuido a edificar el mayo francés.

Maestros de cercanías

Todo esto afloraba en los días en que el Papa Francisco dio al mundo un ejemplo de esa cercanía de la cual es maestro.
Viajó a Piamonte, la tierra de su padre que un día viajó como uno de los innumerables italianos que venían a América y adonde el volvía, cuando ya sacerdote como provincial jesuita y después como obispo auxiliar y cardenal primado, cada vez que viajaba a Roma respondiendo a las responsabilidades que había debido asumir.
El quería ser ese “Giorgio para todos” como lo definió ahora según refiere a diario “La Stampa” de Turín.
Lo dice él mismo: “hace tiempo que quería pasar unas horas con mi familia en sus propios lugares… en cada ocasión antes pasaba por Piamonte para ver a los primos de mi padre. Con la prima mayor Carla Rabezzana, a menudo hablamos por teléfono. Esto me llena de alegría”.
Elio Bellera (77) primo del Papa dice: Carla siempre viene aquí (el quiosco del pueblo) y cuando habla de su llamada telefónica la llama “Giorgio” tanto es así que la primera vez no entendí quién era. Pero a esta altura, es Giorgio para todos.

Nuestra geografía espiritual

¡Cuánto nos remonta a los tiempos de familia el Papa que saborea especialidades piemontesas: Soufflé de jamón, ensalada rusa, agnolotti del plin asado y un budín de amaretti y chocolate (Bonet) como postre sin que falte el grignolino, el vino típico de la región.
Volvía a mis tiempos de niñez en las comidas en la casa de los abuelos, sobre todo en Navidad y Año Nuevo donde afloraban los recuerdos de la tierra lejana y aprendíamos los cantos de España lejana. Justo en los días del viaje del Papa a Asti cantaba Serrat en esos recitales de despedida en que habla del Furo que era su abuelo yo escuchaba con mis primos cantar a los españoles amigos la música de Imperio Argentina que intercalaban las canciones republicanas de aquellos años de la guerra.
Otro de los primos, Claudio que es el kiosquero de Portacomaro comentaba que es “un simple conversador, imagina lo que sucede a veces en que me llama cuando estoy con amigos de bolos y él, sin problemas, se pone a charlar con tranquilidad sobre diversas cosas con todos”… “cuando Carla viene y habla de las llamadas telefónicas con él lo llama Giorgio tanto que la primera vez no entendí quién era pero a estas alturas es Giorgio para todos”.
El Papa celebró la fiesta de Cristo Rey en la Catedral de Asti. Su padre que salió en 1929 con destino a Buenos Aires junto con sus padres. Casado con otra italiana, Regina Sivori, su abuela paterna le enseñó a hablar el piamontés.
Ahora en ese pueblo visitó también un hogar de ancianos y saludó a Virgen de los Ángeles, la patrona del pueblo.
A todos nos dejó un anticipo del carácter familiar de la Navidad que se aproxima. Lejos de protocolos y estilos solemnes porque es el Giorgio de todos.