Ayer, Hoy y Siempre

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Encontremonos

Participar del foro de Bahrein para “el dialogo occidente-oriente por la convivencia humana” fue el objetivo de este viaje, el número 39 de su pontificado, que se llevó a cabo entre el 3 y el 6 de noviembre.
A la par también la presencia del Papa en ese lugar hizo posible que tomara contacto con una pequeña comunidad de católicos, unos 60.000, llegados de distintos lugares de Asia y Africa y que trabajan allí.
Se trata de 33 islas del golfo de Pérsico que cuentan con una población de un millón de habitantes de los cuales el 94 % son musulmanes.
Se trata de una nación independiente desde 1971 y que cuenta su historia desde 1783, con playas muy promocionadas, y es importante en lo que a petróleo y gas se refiere, cuya capital es Manama.
Es el segundo viaje del Papa a esta región ya que en febrero de 2019 había ido a los Emiratos Árabes Unidos, EAU, y allí había firmado junto con el jeque, el gran imán Al Azhar un documento sumamente significativo sobre el tema en cuestión.
En Bahrein predominan los sunnitas mientras que la mayoría de la población es chuta, temas que también entran en la evaluación de este viaje donde ha habido también encuentros con el Consejo musulmán de ancianos y se han repetido los contactos con Al – Azhar.
Al Papa lo acompañan varios cardenales como el Secretario de Estado Pietro Parolin y Leonardo Sandri Prefecto de la Congregación de la Evangelización, el español Miguel Ayuso, encargado del diálogo interreligioso, el Checo Miguel Czerny prefecto del dicasterio del servicio para el desarrollo integral.

El frágil equilibrio

Muy elocuentes las palabras que monseñor Paul Hinder, capuchino suizo que administra apostólicamente al vicario de Arabia del norte manifiesta sobre este viaje: “hace unos años era inimaginable que un papa viajara dos veces aquí y fuera calurosamente recibido tanto por los cristianos como los musulmanes”. Sobre todo porque se trata de un misionera que lleva cerca de 20 años trabajando allí.
Todos los temas son tocados por el Papa en sus siete discursos sin excluir la acusación que se ha hecho al gobierno de Bahrein de violar los derechos humanos así como lo referente a la guerra de Yemen, vecina de Bahrein y sobre la cual no se hace demasiada mención. En el reciente encuentro sobre la paz en conmemoración del que protagonizó Juan Pablo II en 1986 en Asís, realizado en octubre en el Coliseo se habló de Ucrania, Siria, Afganistán, Libia y Etiopía sin olvidar a Yemen, son algunos de los lugares donde el grito de la paz resuena con fuerza.
Vale la pena referir que el terreno para la catedral de Nuestra Señora de Arabia que el cardenal filipino Luis Tagle bendijo el año pasado había sido amado por el rey y los planos le habían sido presentados al Papa en 2014 en una visita suya al Vaticano.
Cada una de las intervenciones del Papa merece una consideración. Tomemos alguna: “poderosos se concentran en una lucha decidida por intereses particulares, desenterrando lenguajes obsoletos, redefiniendo zonas de influencia y bloques contrapuestos”. Así como una admonición que es preciso tomar en serio: “pese a dos guerras mundiales y una guerra fría que tuvieron al mundo en vilo durante décadas el planeta aún se encuentra tambaleante al borde un equilibro frágil”.

El grito de la paz

Días antes, como decíamos, en el marco del Coliseo de Roma, la Comunidad de San Egidio, heredera fiel del mensaje que Juan Pablo II había lanzado en Asís en 1986, llevó a cabo el encuentro sobre la paz que también dio pie a que se celebrara el sexagésimo aniversario del momento crucial que, apenas iniciado el Concilio Vaticano II, la humanidad sintió vivamente la amenaza de los bancos rusos que se dirigían a Cuba y que ha sido considerada un momento clave en las relaciones de oriente y occidente representadas por Kennedy y Kruschev iluminado por ese Papa Juan XXIII que, con la valentía del Evangelio, el 28 de Octubre que tomó el micrófono para pedir por la paz fuese más importante que los conflictos como lo hizo en la Pascua de 1963 al publicar la encíclica “Pacem in terris” y como había sido la visita de la hija de Kruschev y su esposo periodista que llaman la atención del mundo entero, al ser recibidos por ese Papa que moriría tres meses después.
Son hitos de historia y es visible la presencia de la Iglesia que no deja de oír el grito de la paz.