Los 38 días de internación del Papa Francisco en el policlínico al cual el Papa Juan Pablo II había denominado “Latino III” haciendo alusión a las diversas internaciones que pasó allí desde el resonante atentado del 13 de mayo de 1981, fueron capaces de provocar las más variadas opiniones sobre el hecho que, de muchas maneras, resultaba casi inédito en los tiempos modernos.
Lo decía el mismo Francisco hablando, a través del mensaje escrito, el domingo 30 de marzo: “un tiempo de curación del alma y el cuerpo” que prestaba para vivirlo como elemento fundamental del tiempo de preparación que la Iglesia asume durante el tiempo de cuaresma.
Toda clase de opiniones se fueron desenvolviendo en los días de esa internación. Tiempo en los cuales el pueblo cristiano, trascendiendo partidismo y tendencias, oró como lo sigue haciendo a través de una experiencia que podríamos llamar inédita en la vida de la Iglesia que conoce a los siglos como ninguna otra institución y convive la grandeza y la miseria de los tiempos.
Las opiniones y las perspectivas de todo color han saturado a los medios de comunicación. De allí lo difícil que resulta encontrar una visión objetiva, cercana y cordial englobada en una inspirada expresión tomada de una hermosa canción: “aunque no lo veamos, el sol siempre está”.
EN LAS MANOS DE DIOS
De los hombres que tienen responsabilidades en el gobierno de la Iglesia, resulta reconfortante escuchar la opinión del sacerdote Rucio Adrián Ruiz el cual, si exceptuamos al cardenal prefecto del dicasterio para la Doctrina de la Fé, el cardenal Victor Manuel Fernandez es el personaje vaticano más cercano al Papa.
Además, a través de sus palabras, tal vez podamos clasificarlas de modelo de precisión y profundidad: “creo que más allá de la presencia de él como Pastor que sigue guiando a la Iglesia aunque no se lo vea y para nosotros que no solo tenemos fe cuando la vemos”.
El hecho de que esté en casa es alentador aunque yo viví con el dolor de acompañar a quien amo y por la fe sabe quien es. Fueron momentos de mucha
tristeza pero también de mucha esperanza en la voluntad de Dios y saber que él siempre fue una persona de fe que estaba en las manos de Dios y como la Virgen nos ha enseñado a vivir en la cruz sin miedo.
El Padre Ruiz ve en el episodio del 20 de marzo de 2020, en aquel dramático momento de la oración del Papa al comenzar la pandemia, un anticipo de estamos viviendo sobre todo en cuanto pronunció aquel “no tengan miedo”. Ahora vivimos, con gran alegría, que volvió a casa y que se va recuperando y de saber a guiar a la Iglesia aunque no lo podemos ver y, con su gran sentido de la responsabilidad de poder ayudar, más aún, en el servicio y la misión que tenemos, o sea que no hace falta que nos esté diciendo todos los días lo que tenemos que hacer y cómo y la responsabilidad hoy con lo que debemos hacer.
FE, AMOR Y FIRMEZA
El Papa Ruiz dice: desde toda la enseñanza que él nos ha dado, siempre, yo creo que lo que está viviendo con una fe profunda, un gran amor y una profunda humildad, aún cuando parece que duerme como decía Dios aquella tarde de la pandemia. Creo que la serenidad de su fe no está iluminando porque eso también es una cosa bonita, importante, enseñarnos a vivir la fe en Dios como Jesús, durmió en la tempestad. Esta enseñanza es también importante, para la Iglesia porque no solo creemos y estamos bien cuando está todo en positivo, también en la cruz sabemos abrazar y dormir en los brazos del Padre!!
Respecto de Pascua el Padre Ruiz dice: “no lo sé, aún no ha sido decidido, depende de cómo evolucione pero yo digo que es ahora el Papa el que debe cuidarse. El, en su estado, está progresando pero los médicos le han dado dos meses, al menos para cuidarse. Yo quiero que se recupere bien… Si Dios quiere hoy tenerlo encerrado rezando, amando a la Iglesia, “escondido”, eso es bueno, allí estará haciendo el Pontífice.