El 16 de mayo, a las 14 hs, cerraba sus ojos celestes para siempre Cristina Claudia Honores, Copete, mi hermana.
Hermana, una palabra que no sólo quiere decir lazos de sangre, sino que encierra literalmente la vida misma. Un hermano es el que te conoció y escuchó latir tu corazón desde la panza de tu madre, es quien te cargó en las primeras horas de vida, quien te cantó las noches de temor o el que te empezó a enseñar las primeras palabras. Hermano es el que conoce tus sueños, tus miedos, tus angustias y alegrías, es el que puede percibir tus sentimientos con solo mirarte, es el que recuerda como vos la infancia vivida, la juventud compartida, la adultez. Es el que ama a tus hijos como si fueran propios, es el que está a tu lado en las dificultades, el que vela, el que protege, el que sana. Hermano no es una palabra más, hermano es” la palabra”. Esto era ella para mi, por eso su ausencia se torna tan incomprensible, tan increíble, tan dolorosa.
Nació un 27 de julio de 1955, era la cuarta hija de la familia Honores Merlini y llego a aplacar el dolor de esos padres que solo diez días antes le habían dado el último adiós a su primer hijo. Sus ojos claros y rizos dorados la convirtieron en la estrella de la familia. Era una chiquita simpática, contenedora de sus hermanos, familiera y muy sociable.
Desde muy joven se comprometió con los problemas de su ciudad y su gente. Con su título de Técnica en Periodismo dirigió El Argentino en épocas de procesos políticos donde la libertad estaba cercenada. Con valentía se puso al frente de este semanario dándole voz a los relegados, perseguidos, a los que sentían avasallados sus derechos, defendiendo la democracia y enfrentando a quienes la vulneraban. Fue directora también del Semanario Juventud, donde intentó darle espacio a los jóvenes, donde construyó con ellos sueños, donde acompañó sus logros, y donde demostró en cada nota la esencia de esa generación que crecía bajo la sombra del proceso pero que daba batalla en busca de libertad y justicia.
Como representante de El Argentino entrevistó a figuras relevantes de la vida política, social y cultural del país, su don de gente y su simpatía le permitieron llegar a relacionarse con algunos de ellos, manteniendo un cariño que trascendió todas las épocas.
Solidaria como pocas, siempre estaba allí para quien la necesitara. Daba hasta lo que no tenía si se trataba de dar una mano o de sacarle una sonrisa a quien estuviera pasando un mal momento.
Acompañó a su hermano desde que fue elegido Intendente Municipal, allá por 1983, fue su Secretaria Privada, luego cumplió funciones en la Jefatura de Prensa y fue Jefa de Protección Social. En todas ellas su objetivo era estar al lado de la gente, gestionando ante quien fuera todo tipo de trámites para dar respuestas. Más de un vecino debe recordar que pudo operarse, que pudo tratarse, que pudo curarse en los mejores centros de salud gracias a sus gestiones. Más de uno debe recordar que ella estuvo a su lado ante la dificultad, sin importar color político ni diferencia alguna… digna hija de su padre. También trabajó en la Cámara de Diputados y de Senadores de la Provincia, respaldando y apoyando las gestiones de su hermano. Llena de amigos, llena de luz, llena de sueños… Defensora acérrima de los animales, colaboradora y admiradora de las rescatistas de nuestra ciudad que tanto hacen por ellos.
Su partida deja un vacío doloroso de sobrellevar, para su familia, sus amigos y todos quienes tuvieron la oportunidad de conocerla. Su ausencia se hace sentir y es difícil encontrar respuesta a tan inesperada realidad, la hermosa Cope decidió irse de paseo, quizás a reencontrarse con sus seres amados y no hay discusión, porque si algo tenía era carácter.
Es tan difícil recordarla, se me estruja el corazón en cada frase. Pero quienes creemos en Dios sabemos que cuando un colibrí revolotee en nuestra ventana, o cuando una mariposa nos aletee cerca, allí va estar ella, feliz y sin tristezas dándonos consuelo para poder continuar.
A todos ustedes, fieles lectores de nuestro semanario, que han estado acompañándonos toda la vida, gracias. Gracias por tantas muestras de cariño y de pesar, gracias por sus llamados y mensajes, gracias por el aliento que nos dan para continuar, gracias por ser parte de nuestra historia. La pandemia nos impidió despedirla juntos, pero no impidió despedirla conectados desde el corazón.
Hasta siempre Cope… Ojalá algún día te aparezcas en mis sueños, radiante como siempre para que mi corazón pueda empezar a sanar. Descansa en paz.
SUSANA HONORES