Argentina campeón del mundo: Un hermoso sueño

Por Francisco Prezzavento – enviado en Qatar, Doha –

Argentina se coronó campeón del mundo de fútbol tras 36 años, un sueño anhelado por todos pero más aún por los que no habíamos tenido la posibilidad de vivirlo.

Qatar fue el país anfitrión y ya depositaba una cuota grande de complicación para todo aquel argentino que pueda llegar. Pese a eso, durante todo el mundial, previo a la final, 30.000 compatriotas inundaron las calles de Doha y así trajeron un ambiente festivo a una cultura que no conoce eso.

El camino futbolistico no comenzó como se esperaba, la derrota con Arabia Saudita fue un balde de agua fría a esa sensación de que ya éramos campeones antes de empezar a jugar el mundial.

Ese debut erróneo, como dicen los protagonistas fue muy positivo. Sirvió para despertar justo a tiempo y para que la gente empiece a tomar un lugar muy importante.

México fue el segundo escollo, la primera gran final, vaya paradoja, en el estadio Lusail el mismo que nos daría la hermosa felicidad el 18 de diciembre.

Esa final se jugo dentro y fuera de la cancha. No solo fue el primer paso de un Messi arrollador, sino también de todo lo que rodea a un campeón. Jugadores, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas.

El día a día en Doha se comenzaba a volver monótono. Un país poco conocido, que deslumbró desde sus monstruosos edificios y dejó en el debe su oferta turística.

“La Escaloneta” comenzó su andar casi perfecto desde el cierre de la fase de gruposfrente a Polonia hasta los 80 minutos de esa infartante final ante Francia.

Apareció Enzo Fernández, Mac Allister y Julian Alvarez, para mostrar que el fútbol moderno es de los jóvenes, sostenido por la experiencia de los grandes. En este caso Argentina tenía un plus, porque los de mayor edad, uno es el mejor de la historia y los otros dos, Otamendi y Di María, demuestran un amor incondicional por esta camiseta.

Al pasar los partidos, aquellos argentinos que empezábamos a ver que la estadía en este “raro” país iba a ser hasta el final, nos topamos con la “mafia” de la reventa. La entrada para ver a Messi y el show de la hinchada Argentina se cotizó muchísimo durante las últimas semanas. Mayoria árabes copaban la oferta.

Conseguir un ticket demandaba un estrés que no te permitía disfrutar la previa a un partido y hasta el día a día posterior a cada cotejo.

En esa telaraña manejada por unos pocos, pierden muchos y quedan en el camino ilusiones y sueños de centenares de hinchas que dejan todo por alentar a su país. Cuesta creer que esto se termine, pero hemos soñado con ser campeones del mundo porque no vamos a soñar con una organización sencilla que beneficie a todos.

Tras la victoria holgada ante Croacia, Messi y compañía definían el torneo ante los últimos campeones, Francia.

Todos los ojos puestos en él y una gran mayoría quería que gane Argentina por el 10. Un país entero se encolumno en su forma de ser. Dejo los conflictos de lado, fue para delante pese a tropezar y dejó todo por el sueño.

Messi no solo guió a un equipo de fútbol, sino que con su personalidad mostró un camino con el cual se logran las cosas dentro y fuera de la cancha.

90 minutos para el infarto. Muchos la titulan como la mejor final de la historia. Para los que estuvimos ahí la mezcla de emociones fue enorme. Acarreada por todo lo vivido en los más de 20 días previos. De pasar a un “oooole, ooolee” por los dos o tres toques consecutivos, a vernos perdidos sino fuese por la tapada agónica del enorme “Dibu” Martinez.

El final ya lo conocemos todos. Argentina es campeón del mundo. Sumo su tercera estrella. En un país que nunca se olvidará de los colores celeste y blancos no sólo por Lionel Andres Messi, sino también por su gente.

Somos campeones del mundo. Un sueño hecho realidad. Gracias.