Padre Hugo Segovia
Rápidamente pasan los días y suceden también los tiempos litúrgicos. El próximo miércoles la Iglesia dará el primer paso del tiempo de Cuaresma de este año jubilar preparándose a través de cuarenta días, a la celebración pascual. Cuaresma es la oportunidad que nos brinda la liturgia para purificar nuestros corazones y por ella la primacía la tienen la oración, el ayuno y la conversión de los corazones caminos que nos lleva a una celebración pascual que es el centro y a vida la comunidad cristiana.
Estos cuarenta días se caracterizan por lo que llamamos tiempo penitencial y las comunidades se predisponen a partir de la celebración del miércoles de ceniza que pedagógicamente se da después de los tres días de carnaval, aunque una visión parcial pareciera como si se tratara de realidades divorciadas.
No caben dudas sobre la secularización que pesa sobre nuestras comunidades, pero tampoco es posible resignarse pasivamente a ella.
Queja aparte e intentando un retorno a la autenticidad de una Cuaresma coherente que no sea solo una adecuación ritual sino una vuelta a la autenticidad recordaremos algunos momentos que hacían honor a la cuaresma.
EXPERIENCIAS CUARESMALES
En los años previos al Concilio Vaticano II el movimiento litúrgico se había instalado, sobre todo en Francisco y otros países.
Entre las múltiples realizaciones podemos evocar lo que en París se llevaba a cabo cada miércoles de ceniza.
Se celebraba la misa de los artistas y ello nos pone también en contacto con este jubileo del año Santo 2025 que tenía en el programa la visita del Papa Francisco y un lugar emblemático como Cine Cinecittá que tuvo que suspenderse en razón de su indisposición.
Una razón que daba sentido a esta celebración era no solo un acercamiento de la Iglesia sino al complejo mundo de los artistas sino también como expresión de comunión entre un mundo en apariencia frívola con las realidades permanentes.
La impresión de las cenizas sobre las cabezas de los acostumbrados a los aplausos y a los elogios era un elocuente signo de aquella expresión “así pasa la gloria de este mundo” que hasta tenía lugar nada menos que en la celebración del comienzo de cada pontificado.
Paul Claudel y otros intelectuales de su tiempo se han hecho eco del significado profundo de ese rito.
APLAUSOS Y CENIZAS
Pensando en esto vino a mi memoria algo ocurrido en 1980 en la parroquia San Andrés de Miramar en el miércoles de ceniza de 1980.
Un mes antes había fallecido el joven actor Claudio Levrino a quien los lectores de más años recordarán, victima de un incidente que podríamos llamar casero.
Vivian con su esposa, la actriz Cristina del Valle, y su familia en Parque Mar.
Pidieron una misa que tenía que ser el miércoles de ceniza en la parroquia sin saber que ese día era la celebración de las cenizas.
Así fue y los actores compañeros, estuvieron en la misa de las 9.30, allí en la Iglesia.
Recuerdo a García Satur, Alberto Martín, Gabriela Gili, Barbara Mujica, recibiendo las cenizas que crea las harían pensar en la fragilidad de la fama.
Años después, ya en la Mar del Plata del espectáculo, revivimos algo de estos episodios con la experiencia de la Iglesia y el mundo del teatro durante 10 años.
Ojalá en otros tiempos y en otras realidades el tiempo de Cuaresma despierte no solo estas experiencias sino un encuentro fecundo entre los que habitamos estas tierras y ellas puedan contribuir a hacer de aquel “aquí pasa la gloria de este mundo” haciéndolo, con todo, más digno del hombre y más cercado a las realidades definitivas que no se contradicen con un mundo creado y redimido.