Para bien de todo el pueblo de Dios

Después de enumerar a los trece obispos que el 5 de octubre iban a incorporarse al Colegio de cardenales, el papa Francisco les pedía que “confirmen su adhesión a Cristo, su ayuda a mi ministerio de obispo de Roma y trabajen por el bien de todo el santo pueblo fiel de Dios”. Mientras iba nombrando a los elegidos, uno más conocidos que otros íbamos confirmando las opciones pastorales de Francisco. No obstante que los europeos numéricamente constituyen esta vez más de la mitad de los elegidos todos ellos han tenido experiencia misionera. Se lo ve claramente en la elección del salesiano Cristóbal López Romero, español, arzobispo de Rabat, lugar muy relacionado con el drama de los inmigrantes; en el checo de origen pero de formación canadiense Michael Czerny que trabaja en la sección migrantes del dicterio Servicio del desarrollo humano e integral y además secretario especial para el inminente Sínodo para la Amazonia teniendo en cuenta que el mismo Francisco se ha reservado la presidencia de esta sección; en el otro Español Miguel Ángel Ayuso, desde hace poco Presidente del Pontificio Consejo para el dialogo antirreligioso que vivió 20 años en Egipto y Sudan y que ha dicho que “en el contacto con la humanidad es donde han encontrado la divinidad de Dios”.
Por todos los caminos
…..también la importancia que el papa otorga a Centro América al nombrar a Álvaro Ramazón teme, obispo guatemalteco de Huehuetenango con lo cual el único país que no tiene presencia en el Colegio de cardenales viene a ser Costa Rica. Innegable también la importancia de la Habana con la elección del arzobispo Juan de la Caridad García Rodríguez a apenas dos meses de la partida de Jaime Ortega Alamina a quien el gobierno de Miguel Díaz Ganel ofreció nada menos que honores de Estado: “fue innegable su aporte al fortalecimiento de las relaciones entre la Iglesia y el estado cubano”. Seguimos lamentando la misión de Paraguay de la lista de cardenales. El ahora presidente de la Comisión de las Conferencias de obispos de la Comunidad Europea, el arzobispo de Luxemburgo, Jean Claude Hellerich, también jesuita nos hace ver el lugar destacado de la problemática europea. Se trata de un reconocimiento crítico de los populismos. Párrafo aparte merece la elección de Mateo Zupia, arzobispo de Polonia. Es sabido que el proceso de universalización del Colegio cardenalicio lo empezó Pio XII después de la guerra dando lugar al ingreso de los otros continentes y desde entonces las llamadas “sedes cardenalicias” quedaron reducidas a Polonia, Florencia, Génova, Milán, Nápoles, Palermo, Turín y Venecia aunque siempre se dio relativa importancia al nombre de “sedes”. Desde la elección del papa Francisco quedaron relegadas dándose lugar a otras. Ahora solo Florencia (al borde la elección de nuevos obispos en Génova y Nápoles) solo Polonia tendrá su cardenal. En esta columna muchas veces hemos citados a este obispo (9 y 16-8-2012; 14-9-2017; 21-3-2019) ya que se trata de una personalidad sobresaliente, del estilo de San Egidio decíamos. De África proviene el arzobispo de Kinshasa en la República Democrática del Congo que pertenece a la Orden franciscana y de Asia, Ignavias Suharto Hardtmodje, arzobispo de Yakarta, en una Indonesia que es el país con más musulmanes.
A todos los hombres
Una grata sorpresa le da la elección de José Tol entino Galesa Mendosa, bibliotecario y archivista de la Iglesia, gran conocedor de la cultura contemporánea y promotor del dialogo de la teología con el arte y la literatura. Ha sido profesor de la universidad católica de Lisboa y su nombre adquirió resonancia como predicador de los Ejercicios Espirituales de la Cuaresma de 2018 al papa y a la Curia romana que han sido recogidas en un bellísimo libro, “Elogio de la sed” donde destaca que las periferias no son solo lugares físicos sino también lugares del alma humana. En ese libro se puede percibir su contacto con lo más variado y complejo del pensamiento actual. Afirma que “la iglesia debe ser creíble entre los sin casa, sin tierra y sin nada”. Nosotros que tuvimos a un compatriota en ese privilegiado lugar de la biblioteca Vaticana podríamos aprovechar la oportunidad para rendir un reconocimiento al cardenal Jorge Mejía. No hay duda que seguimos afiliados a la cofradía de la indiferencia y los olvidos. No queremos tampoco ignorar a los tres cardenales que en las postrimerías de sus vidas y consecuente Francisco con su opinión por los ancianos, serán investidos del cardenalato no obstante no ser electores del papa. Son ellos Sagitas Tamkevicius, arzobispos, emérito de Kaunas en Lituania; Michael Fitsgerald, ingles, presidente en su momento del Pontificio Consejo para el dialogo antirreligioso y el italiano Eugenio Dal Corso que trabajo en Argentina, Luanda, y Ángela.