Malestar generalizado por multas

Todos los días se viven momentos de tensión y hasta de violencia en las oficinas del Juzgado de Faltas de la ciudad ubicado en la calle 17, donde se encuentra el viejo centro cívico.

Es que son innumerables las multas que se labran en las calles de la ciudad y el secuestro de vehículos por presuntas violaciones a las normas de tránsito, por mal estacionamiento u otras causas establecidas en la ley vigente.

Pero los reclamos de la gente merecen que se ponga atención. Muchos relatan el accionar discrecional y arbitrario de los inspectores y los secuestradores de vehículos en lugares donde no hay carteles indicadores, o donde no está claro si corresponde efectuar la infracción.

No hay prevención, no hay información y lo que se hace luego se traslada al Juzgado de Faltas donde deben sustanciar reclamos y planteos de toda naturaleza que llevan en algunos casos a anular las actas y el procedimiento.

Lo que ocurre que las instrucciones que habría del Ejecutivo Municipal no es otra que “hacer y hacer multas”, recaudar y sumar dinero para pagar sueldos y gastos. Ese sería el criterio predominante para los Inspectores y eso además de discrecional, es ilegal y lo que hace es provocar un malestar generalizado que se traslada en forma periódica al Juzgado de Faltas, donde los empleados sufren la agresión y sobre todo los excesos verbales de la gente que se ve esquilmada por el accionar a veces incompetente de los funcionarios que actúan.

En los últimos días ha tenido que cerrarse la oficina del Juzgado más temprano con largas colas de público y según señalan por la caída del sistema. Pero son incesantes los reclamos y los pedidos de revisión por parte de los presuntos infractores. Todos se quejan, todos se llevan una muy mala imagen de la ciudad y de sus funcionarios y sobre todo cuando no existen instrucciones precisas, capacitación de los empleados y lo único que se hace es avanzar sobre los derechos de los ciudadanos.

Ha llega a nuestra mesa de redacción más de un reclamo en ese sentido y a través de los días hemos verificado esta situación que se vive en la oficina pública que altera la tranquilidad de la misma y pone en un pico de crisis al personal que debe soportar los improperios de los que se ven perjudicados.

Una buena política de educación en tránsito, de información y además una adecuada señalización evitaría tantos inconvenientes y además haría que los turistas no se lleven la mala imagen que provoca el accionar con falta de profesionalidad de los inspectores y funcionarios.