Escribir al amigo

“Devorado por tantos implacables compromisos”. Es la razón por la cual el cardenal Giovanni Battista Montini, entonces arzobispo de Milán, lamenta no poder contestar a las cartas de su amigo, Giorgio La Pira, alcalde de Florencia en esos tiempos.
Hablábamos de este alcalde en la columna del 29 de marzo nos encontramos con una publicación del.-Instituto Paulo VII en colaboracion con la Fondazione Giorgio La Pira y el Istituto Sangalli de Firenze.
El Istituto Paolo VI de Brescia, ciudad natal del papa, custodia y propaga el enorme legado de su magisterio.
Esa publicación recoge la correspondencia entre La Pira (1904-77) y Montini (1897-1978) y lleva el mismo título de esta columna, tomado de una de las cálidas palabras que quien en 1963 sería elegido obispo de Roma, se disculpaba por no responder con asiduidad a su amigo. En estos días de agitación política y en un tiempo en el cual las cartas no ocupan el lugar comunicacional que tenían, esta recopilación nos muestra un periodo (1951-63) aunque la amistad entre ambos fue mucho más extensa. En ella se va perfilando un período no solo de la Iglesia, también de losaños vividos
El mismo amor
Varias cosas llaman la atención en este epistolario. Primero la calidez y profundidad de una amistad, la esmerada búsqueda, la belleza literaria y el amor por la Iglesia que ardía en ambos corazones en esos tiempos de gestación del Concilio Vaticano II.
Además, se encuentra la disparidad frente a los acontecimientos. De ello hablara Pablo VI en su documento “Octogeima adveniens”: “una misma fe puede dar respuestas diferentes”. Por un lado la de un joven sacerdote que entró al mundo de la Secretaria de Estado donde llegó a ser Sustituto. Notable el hecho de que durante dieciséis años, Pio XII gobernó la Iglesia sin cubrir la Secretaria de Estado, neurálgica estructura, más si tenemos en cuenta que eran los años de la guerra mundial. Recién en 1958 volvió a cubrirse y para ese entonces, desde 1955, Montini era arzobispo de Milán.
En los años de la década del 20 y la del 30 que fueron los años del: fascismo y mas allá de sus cada día mas absorbentes tareas en la Curia, Montini estuvo atento a cuanta experiencia e iniciativa se iba presentando intuyendo que, pasada esa difícil etapa, soplarían otros vientos.
Atento a los grandes hombres de la cultura, ello fue causas de su ingreso a la listas de sospechosos habiendo debido resignar, incluso, su papel de asesor de la F.U.C.I. (Federación de los universitarios católicos italianos) que, de todos modos, no interrumpió su contacto con muchos de esos jóvenes que iban a ser protagonistas de los tiempos posteriores a la guerra.
Trabajo pendiente
Hay una tarjeta de1930 y una carta de 1944 lo cual da lugar a pensar que los contactos personales no daban lugar a la correspondencia. Ella recoge las cartas que van desde doce años antes de la elección de Montini al potificado y el arco desde entonces (1963) hasta la fecha del fallecimiento de La Pira (1977) según los recordadores, las relaciones entre ambos protagonistas del siglo XX fueron intensas en temas como la crisis del sistema industrial de los 50 como el que afectaría en Florencia a las “aziendas”. Allí ejercía su magisterio social y cultural un La Pira que se había transformado en el acérrimo promotor de un dialogo capaz de horadar las murallas de la cortina de hierro en su defensas de una paz que debía trascender los linites de oriente y Occidente. Para ello se dieron los encuentros en Florencia así como los que tenían como participantes a los hombres de las religiones monoteístas.
Puntos de vista distintos, dijimos pero convergentes, desde lo político y social incluido lo religioso. Personalidades también distintas: un ardiente y entusiasta La Pira, un reflexivo y mesurado Montini pero amantes ambos de la Iglesia y empeñados en reconstruir lo que la guerra había destrozado.
La última carta de Montini está fechada cuatro días antes de su elección papal y es preciso tener en cuenta que La Pira vivía, siendo alcalde, en una celda del convento de los dominicos. Un sentimiento de soledad para nosotros donde no se conocen relaciones semejantes. Todo lo que sabemos del contacto entre nuestros pastores y los políticos no pasan de lo que llamamos el telepasillo eclesiástico. Aparecen algunos casos en los que vemos a obispos como De Andrea y Laguna.
Se habla de la admiración que Alfonsín tenía por monseñor Zaspe a quien también habría impresionado a un Perón de vuelta al país. Nos gustaría conocer mejor la relación de monseñor Farrell y monseñor Maccarone con políticos argentinos que, sabemos, eran importantes.
Un trabajo pendiente en el cual se podrían superar unos contactos que muchas veces aparecen como interesados, indiferentes o puramente protocolares